«La deficiencia del transporte público urbano es beneficiosa a un reducido grupo de empresarios capitalistas que lo monopolizan».
La remodelación de varias calles y avenidas han puesto en jaque nuevamente a miles de personas que deben movilizarse al trabajo y a los centros educativos cada día. El problema del congestionamiento vehicular va más allá de estos trabajos temporales, tiene que ver con la transformación de la ciudad en un gran parqueo en donde el principal problema es la saturación por vehículos privados y, principalmente, por la deficiencia en el transporte público.
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A excepción del Transmetro, las líneas de buses urbanas se encuentran en manos privadas, lo que genera una serie de problemas que desemboca en un pésimo servicio: los choferes y ayudantes deben pagar una cuota diaria a los propietarios de los buses y no cuentan con un salario mensual fijo, no existen paradas establecidas, a partir de las cuatro de la tarde empieza a subir la tarifa del servicio sin ningún tipo de control, no existe vigilancia ante la saturación de pasajeros en cada unidad de transporte.
Ni hablar de la inseguridad al viajar en camioneta o ruletero. Ante tal situación, los propietarios de las líneas de transporte han decidido contratar a empresas privadas de seguridad para que hagan la pantomima de cuidar a los usuarios.
Durante los últimos años el Estado ha desembolsado varios millones de quetzales como subsidio para el transporte público: un buen regalo para estos empresarios de pacotilla. El dinero parece perderse en bolsillos privados porque el Gobierno no cuenta con un eficiente sistema de control y, además, parece que le gusta hacerse el ciego ya que es muy fácil darse cuenta que el servicio no presenta ningún tipo de mejoría.
Por supuesto que quienes tienen la posibilidad de adquirir un automóvil no dudan al escoger la comodidad, y así se deciden entre asignar parte del ingreso mensual en combustible y mantenimiento de un carro, a padecer un infierno diario en los buses urbanos. Es la lógica del «sálvese quien pueda», muy a la altura de una sociedad en donde el bienestar individual es el que importa.
Pero, ¿y los más? Ya no se necesitan más estudios que demuestren la necesidad urgente de transformar el servicio de transporte público. El Centro de Estudios Urbanos de la Universidad de San Carlos de Guatemala cuenta con varias recomendaciones que pueden generar una verdadera solución al problema: es ineludible la creación de una Empresa Metropolitana de Transporte Urbano que esté en las manos del Estado y que cuente con unidades capaces de transportar a una gran cantidad de pasajeros, establecer paradas específicas y carriles exclusivos para los buses, fijar cuotas fijas y un sistema prepago, así como designar la actividad única y exclusiva a los pilotos de manejar los buses. ¿Le entramos?