Tras sus propias evaluaciones del rendimiento del equipo, el ingeniero ílvaro Colom tomó la decisión de remover a dos de los ministros que iniciaron con él hace seis meses la aventura de gobernar al país en estas condiciones aciagas. En el caso del Ministro de Agricultura es evidente que la interpelación a que fue sometido sirvió para desnudar su carencia de facultades para dirigir una cartera de tanta importancia para el desarrollo del país y era simple cuestión de tiempo que fuera removido porque no bastó su credencial como antiguo militante del partido oficial para preservarle el puesto.
En Salud Pública fue obvio que se buscó al doctor Del Cid por experiencias anteriores y que el Vicepresidente tuvo mucho que ver en ese nombramiento pero acaso por el paso inexorable del tiempo o por la nueva dimensión de los problemas del ministerio, su gestión terminó con pocos éxitos y ha sido sustituido por uno de sus viceministros que durante la campaña tuvo a su cargo el diseño de los planes relacionados con la salud pública.
Contrario a lo que algunos piensan, en el sentido de que realizar cambios constituye un signo de debilidad, creemos que el hacerlos a tiempo puede ayudar a un gobierno a superar problemas serios porque la tradición en nuestro país es que se apuntala al amigo a como dé lugar, aunque no esté cumpliendo con sus funciones. La historia política está llena de empecinamientos de gobernantes que no dieron su brazo a torcer, sea por una mal entendida lealtad al amigo o por no reconocer que metieron la pata al nombrarlos, y el efecto final ha sido un desastroso desempeño en importantes y vitales carteras.
La remoción de dos ministros puede ser aprovechada para lanzar críticas al Gobierno, enrostrándoles ineficiencia e incapacidad para manejar la cosa pública, pero obviamente peor sería mantener en sus cargos a personas que no dieron la talla por las circunstancias que fueran y en ese sentido nos parece positivo el paso que dio el Presidente al prescindir de sus servicios buscando una salida elegante para los que abandonan los cargos.
No es fácil integrar un equipo de gobierno y menos en las condiciones actuales cuando estamos inmersos en una profunda crisis mundial que proyecta sus efectos sobre un país con graves desequilibrios sociales como es Guatemala. Cierto es que cualquier aprovechado puede sentir que llegar al gobierno es la oportunidad para hacer negocios, pero si se busca eficiencia y espíritu de servicio público, la búsqueda es mucho más difícil y complicada. Ojalá que estas designaciones respondan más a los intereses del país que a otro tipo de ambiciones que siempre están a flor de piel en el ejercicio del poder.