Cambios en la PNC


Los crí­menes cometidos por agentes de la Policí­a Nacional Civil en la carretera a El Salvador son apenas la punta del iceberg de la profunda descomposición que existe en las filas de nuestro cuerpo policial que lejos de ser una fuerza de seguridad al servicio de los ciudadanos, se ha convertido en una fuerza de inseguridad en contra del guatemalteco que cuando es detenido por un agente de la PNC tiene razones suficientes para entrar en pánico porque la mayorí­a de las veces eso es sinónimo de peligro grave.


A ello hay que agregar que las estructuras policiales, como prácticamente todas las del Estado, se encuentran penetradas por el crimen organizado que las utiliza hábilmente para su protección. Y es que aquellas entidades que por su naturaleza debieran estar dedicadas a perseguir a las bandas que operan en el paí­s, en la práctica se dedican maliciosamente a brindarles protección y a resguardar el territorio en el que realizan sus fechorí­as.

De esa cuenta el cambio de mandos en la Policí­a Nacional Civil presenta una oportunidad para intentar el rescate de una institución carcomida por el cáncer de la corrupción. Desde su origen, la PNC es producto del reciclaje de la antigua Policí­a Nacional que serví­a, fundamentalmente, como elemento de apoyo en la guerra contrainsurgente y participó en lo que algunos han llamado la guerra sucia que libraron tanto los guerrilleros como los que en nombre de la defensa institucional les enfrentaron. Y en el proceso, como pasó a otros actores, los guerreros pusieron sus conocimientos y experiencia al servicio del crimen organizado y de esa cuenta la contaminación es prácticamente total.

Algunos han pensado que es imposible depurar la PNC por la extensión del cáncer y dicen que es mejor iniciar un proceso nuevo que no parta del reciclaje porque los seres humanos no se pueden reciclar. Sin embargo, en cualquier situación, es necesario disponer de mandos no comprometidos con los grupos paralelos y el crimen organizado para ejercer mejor control de los agentes y en ese sentido el cambio tiene que ser visto como algo positivo, aunque en casos como éste no cabe el beneficio de la duda, sino que deben producirse resultados casi inmediatamente.

La decisión de sustituir a los jefes de la Policí­a Nacional Civil tiene que verse como un paso valiente y también deberá entenderse que hay que estar atentos para atajar las reacciones de quienes harán hasta lo imposible por generar mayor inseguridad y más violencia con tal de dejar en evidencia a las nuevas autoridades y es ahora cuando hará falta que éstas muestren su capacidad y determinación.