Es un hecho que los indicadores de educación que el país exhibe son poco alentadores como para creer que la calidad del recurso humano guatemalteco incentivará a inversionistas nacionales o internacionales, para colocar sus recursos en sectores de la economía que con creación de empleo podrían mejorar el ingreso de las familias, con el consecuente incremento en la calidad de vida de las personas.
La reforma a la carrera del magisterio que el gobierno ha emprendido para tratar de que la educación que reciben las y los estudiantes del nivel primario aumente en calidad, pareciera ser la vía para lograr el objetivo de que el recurso humano de nuestro país alcance mejores niveles de formación y capacitación.
Son varios los sectores guatemaltecos que reclaman y exigen que la forma en que se educan los futuros educadores cambie, para que de esa cuenta se motive a quienes imparten clases para que tengan en su acervo además de la vocación de la docencia, un nivel superior que les permita transmitir conocimientos, no solo de manera adecuada sino también una valiosa preparación que permita a los educandos adquirir destrezas que más adelante servirán de base para ingresar al mercado laboral mientras se preparan en el nivel superior.
Es muy importante reconocer que es indispensable buscar los mecanismos que mejoren los indicadores educativos de Guatemala. De eso no hay duda. En una actividad reciente de empresarios que se dedican a velar por la calidad de la educación del país, uno de los directivos visibles de una de las cámaras empresariales que tienen que ver con el agro, hacía ver lo preocupante de la situación educativa y la necesidad de reformarla. Actitud que me parece muy adecuada.
Por eso mismo, y no es que todo deba compararse con la misma medida, yo diría que también es muy importante observar lo preocupante de los indicadores sociales de Guatemala, que tienen su principal origen en la forma en que se explota el factor productivo tierra en el territorio nacional.
No hace falta hacer una letanía con los porcentajes de pobreza y desnutrición que provoca que algunas personas mantengan propiedad del agro en la ociosidad, mientras muchas otras viven no solo en condiciones de miseria sino que a causa de esa situación mueren por hambre. Siempre he dicho que no hace falta ir a los países de África para constatar lo que provoca la desnutrición cuando a pocos kilómetros de la ciudad tenemos situaciones muy parecidas.
Para hablar de desnutrición y pobreza en el país, aunque es determinante, no solo puede adjudicársele la responsabilidad a la forma de tenencia de la tierra. También tiene que ver la cantidad de calorías mínimas que se debe consumir diariamente y, además, es necesario hacer saber a las familias que la padecen o que están en riesgo, la forma de priorizar el gasto con el ingreso que tienen en un periodo específico.
No soy de los que piensa que las propuestas del gobierno y que pareciera que piensa implementar a como dé lugar sean las mejores, pero sí de los que cree que se deben hacer cambios no solo al sistema educativo y a la forma de explotar la tierra, porque de nada serviría que tengamos recurso humano capacitado si el acceso a otros factores productivos se encuentra vedado.
El problema con el gobierno es que no ha sabido promover los cambios que busca realizar y es entonces cuando la certeza que se debiera tener, de parte de los ciudadanos, se hace vulnerable y se encuentra oposición en casi todos los sectores.