CAMBIO CLIMíTICO.


El cambio climático que desde pequeños escucháramos anunciar por nuestros antepasados ya no es el que se vive en la actualidad. Ello, nos motiva a tratar este tema como un obsequio muy especial a mis estimados lectores.

Rolando Alfaro

El fenómeno que abordamos, es atribuido a las actividades humanas, sea directa o indirectamente, pero por lógica consecuencia, si como se ha venido observando en nuestro entorno, se produce deforestación obviamente tendremos sequí­a y falta de humedad para cultivar la tierra y reforestar.

Si bien es cierto se ha querido desvirtuar al cambio climático indicándosenos que es normal y fuera de toda predicción, el mejor ejemplo es la República de Guatemala, el paí­s de los árboles, en donde el problema de la quema de bosques y corte inmisericorde de diversa madera es más que evidente y ahora veremos la tendencia de las hondas cálidas.

Los cientí­ficos indican que si se altera un aspecto clave como la temperatura media global, las ramificaciones tendrí­an un largo alcance, los efectos inciertos se adicionan, por ejemplo, podrí­a cambiar el régimen de vientos y lluvias que han prevalecido durante mucho tiempo, también, podrí­a subir el nivel de las aguas y amenazar islas y zonas costeras (Costa Rica. Unión Mundial para la Naturaleza. Manual de Derecho Ambiental para Centroamérica, 2005).

Luego, no es apocalí­ptico lo que estamos viviendo, ni mucho menos exagerado, pues simplemente podemos comparar lo que con el clima acaece con las diversas predicciones que los cientí­ficos han hecho y el resultado será el mismo.

Diversos tratadistas han querido explicar la problemática que se empieza a dar con los cambios bruscos del clima, así­ por ejemplo en pleno verano Guatemala se encuentra con fuertes vientos, lloviznas, frí­o y calor en la mañana.

Los antecedentes de los estudios relacionados con el aumento de la temperatura en la Tierra, los encontramos en el año 1896 con Svante Arrhenius quien realizó diversas investigaciones sobre la influencia del aire carbónico ácido en el aumento de la temperatura de la tierra, especialmente para demostrar su teorí­a de que las emisiones provenientes de la combustión del carbón conducirí­an a un calentamiento de la Tierra.

En ese sentido, los cientí­ficos han dado la voz de alerta, sin embargo, no en todos los casos, son escuchados.

Por otra parte, los cambios climáticos, según nos lo explican diversos especialistas, tienen lugar durante espacios de tiempo geológico afectan a una especio limitado, o a una región, si son consecuencia, por ejemplo, de influjos cósmicos. Es, asimismo, una cuestión discutida hasta qué punto influyen o pueden influir en tales cambios las emisiones de carbono y su acumulación en la alta atmósfera y las emisiones de polvo.

En Guatemala, resulta urgente trata estos temas a nivel nacional y solicitar el apoyo de las diversas entidades educativas, a efecto de poder orientar a los habitantes del territorio nacional en el manejo de los recursos naturales, en general, y, de los cuerpos receptores del agua, zonas forestales, y bosques.

Lo anteriormente escrito, porque en los últimos dí­as se ha notado el aumento de las famosas quemas de arbustos y lugares para siembra que por ende terminan en grandes incendios forestales.

Es de gran preocupación que la educación ambiental recibe poca atención e interés de las personas que desean seguir estudios universitarios. El desconocimiento y mal manejo del tema ambiental en lugar de ayudar al progreso y desarrollo de nuestro paí­s lo compromete en una labor poco edificante de buscar la metodologí­a para enfrentar las crisis que por esos descuidos viene provocando, año tras año, los diversos desastres naturales del que muchos se olvidan y pocos los recuerdan.

Entidades que se dedican a los estudios ambientales nacionales o no, vienen acumulando estadí­sticas, investigaciones, encuestas que, al final, arriban a la misma conclusión: falta de educación ambiental.

Estamos de acuerdo que se necesita desarrollo para Guatemala, pero es necesario que se hagan acciones para que ese desarrollo no sea destructivo para la humanidad. Y que, precisamente, la sostenibilidad del planeta se compatibilice con un desarrollo acorde con el mejoramiento ambiental.

Finalmente, deseo a mis estimados lectores, una cristiana conmemoración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y que piensen que í‰l nos dejó a cargo de la Tierra para que la cuidáramos y no para destruirla.