Hace un par de meses mi suegro, el doctor Carlos Pérez Avendaño, se retiró de la práctica médica a la que dedicó su vida entera. Desde finales de los años sesenta fue mi internista y como a muchos pacientes suyos, la idea de no disponer ya de sus servicios fue realmente dura porque no sólo cuenta el paso del tiempo, sino el saber que uno está en manos de un extraordinario doctor, al día siempre con sus estudios sobre los avances de la ciencia y además con una sabiduría especial para entender al paciente.
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Desde hacía muchos años el mismo doctor Pérez me había hablado de la capacidad extraordinaria de Arturo Núñez Paiz y con mi familia decidimos, cuando se retiró mi suegro, que a él encomendaríamos el cuidado de nuestra salud. Especializado en medicina interna, Arturo es sin duda un profesional que se mantiene al día con constantes estudios que, sin egoísmos de ninguna naturaleza, comparte con otros profesionales a través de un esfuerzo personal en el que mantiene la Red Académica de Médicos Internet (RAMI) que utiliza para difundir profusamente los últimos estudios que tienen que ver con el campo de la medicina interna que es tan extenso. Tengo un hijo médico que es cardiólogo y cuando se retiró mi suegro nos insistió en la importancia de tener un internista a cargo de la atención primaria y que sería él quien nos debería enviar con especialistas en caso hiciera falta.
Ayer hice mi primera visita al consultorio de Arturo y mis expectativas quedaron mucho más que satisfechas. Hace unos seis meses el colega Eduardo Villatoro me llamó para contarme algunas de sus cuitas en materia de salud y cómo, tras haber realizado romerías con varios galenos, encontró precisamente en Arturo Núñez Paiz, la calidad de atención que le permitió superar sus dolencias y recuperar al fin la salud.
Nos conocemos desde los lejanos días en los que ambos estudiamos en el Liceo Guatemala, siendo él un poco mayor que yo, pero nos ha unido desde hace muchos años la figura de su tío, el coronel e ingeniero Arturo Paiz Bolaños, con quien tuve el honor de ser directivo de la Empresa Municipal de Agua en la década de los años setenta y nos tocó librar juntos grandes batallas para romper ciertas mafias que se encargaban de robarle a Empagua el sulfato de aluminio y luego, cuando el mismo escaseaba, lo ofrecían como proveedores únicos con la capacidad de colocarlos en las bodega en forma inmediata. Ni modo, decíamos con ese gran viejo tan vertical siempre, si ellos mismos provocaban la escasez robándolo de las mismas bodegas. Mediante un sistema de compras programadas para evitar sobresaltos y controles en la bodega para evitar el robo del producto, logramos con el gerente Luis Hugo Solares romper una de las mafias más prósperas de la Municipalidad en aquellos días y que usaba a un próspero empresario como mascarón de proa para hacer la operación de “emergencia”.
Hace varios años Arturo Núñez Paiz empezó a colaborar en algunos temas de la Asociación de Bioética que sostuvo mi suegro por mucho tiempo y ha sido evidente el aprecio y admiración que le tiene, al punto de que públicamente en más de una ocasión ha calificado al doctor Pérez como el mejor internista de Guatemala. Me consta que la admiración, el cariño y el respeto son absolutamente recíprocos porque igualmente el doctor Pérez Avendaño lo tiene en altísima estima personal y profesional.
Me siento, pues, tranquilo y satisfecho con la decisión que tomamos en familia de confiar en Arturo Núñez Paiz como nuestro médico internista, sabiendo que es un profesional al día que, además, reúne las calidades éticas que siempre me hicieron admirar a mi suegro.