La ola de calor no cede el paso a la lluvia en el país. Temen riesgos para la vida en general y la alimentación este invierno. En los 22 departamentos, unos más, otros menos, asentamientos y comunidades están al borde del peligro.
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La página del Instituto de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) ha mostrado que en los últimos días, Zacapa experimentó una temperatura de 40 grados centígrados; Petén 39; Huehuetenango 32; Cobán 25 y más grados; la medida en la capital es de 37; Quetzaltenango 25; Jutiapa rebasó los 35 grados a la sombra. Esos sólo son algunos ejemplos de lo que parece ser consecuencia del trastorno climático.
Sin embargo el meteorólogo del Insivumeh, César George indica que el país podría seguir afrontando dos olas de calor más, similar a la registrada el fin de semana y que inició el 8 de mayo. Las proyecciones calurosas pueden estar combinadas con lluvias en las próximas dos semanas. «Ello es normal en esta época, hay que recordar que mayo es la transición hacia la época lluviosa, combinada con calor», señala.
Para el hombre común, atrás quedó que la fecha del invierno llegaba a las comunidades en mayo, cuando el clima era invariable. En el área rural cercana o lejana, los abuelos acostumbraban clavar una cruz en el patio el tres de mayo, la lluvia llegaba y empezaba la temporada próspera para siembra del maíz y el frijol.
En Jutiapa apenas el viernes pasado cayó el primer aguacero, pero sábado y domingo el clima se tornó inaguantable para la población, hubo temperatura superior a los 30 grados. Los agricultores en esa región están preocupados porque la tierra está preparada, pero la lluvia no cae.
Contrapuesto a la opinión técnica meteorológica, los expertos han pronosticado que el 2008 podría ser una temporada poco alentadora para los cultivos debido al trastorno climático que afronta el planeta.
Recientemente se dijo que Guatemala corre el riesgo de ser parte de los cien millones que sufran el déficit en la producción de alimentos nivel mundial, inminente riesgo que está sobre los guatemaltecos como parte del cambio climático. A esa desventaja se podría sumar la falta de auxilio gubernamental de proveer semillas, abonos, fertilizantes y otros insumos, opinan los expertos.
En la Costa Sur las cosechas están fuera de control, se prevé fallas en los cultivos y con ello atrasos o escasez en las cosechas. En abril llovió en partes de la bocacosta y la costa, algunos sembraron anticipadamente, luego vino una sequía que se ha prolongado a mayo. El trabajo y los recursos invertidos se perdieron, lamentan campesinos.
Después la vida
Si el calor puede traer hambre, la precipitación de lluvia intensa podría arrasar áreas pobladas. Esos pronósticos ya fueron realidad en el país, las inundaciones que dejó el huracán Mitch en 1998 y siete años más tarde la tormenta Stan, causaron muerte y destrucción en muchas comunidades.
El vocero de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) Marco Antonio Monzón, indica que a nivel nacional son cinco mil comunidades que están en riesgo.
Identificadas con peligro de deslizamientos, hay más de cinco mil e inundaciones más de dos mil poblados en la Costa Sur y la boca costa del Pacífico ubicadas en San Marcos y Quetzaltenango.
En la Meseta Central, Totonicapán, Sololá, Guatemala, Sacatepéquez, Chimaltenango; en las Sierra de las Minas: Santa Rosa, Jalapa, Jutiapa y Chiquimula. El INSIVUMEH pronostica que la lluvia podría afectar catorce departamentos con intensidad alta, media y baja, refiere Monzón.
Wilmer Quintanilla, de la Asociación de Bomberos Departamentales, señala que por experiencia en auxilio, las personas más vulnerables siguen en orillas de ríos, un ejemplo el río Sis en Cuyotenango; Suchitepéquez tiene casas que siguen a la orilla de los caudales; el desborde de ríos es latente en el área de los Picapiedra en Suchitepéquez y Retalhuleu; las fincas en Chicacao Suchitepéquez, a orillas de barrancos en inviernos pasados se han derrumbado. La Máquina y Masagua, no pierden el grado de peligrosidad por inundaciones.
Agrega que el riesgo más alto es para 3 mil familias, algunas con ocho o nueve integrantes, que suman unas 25 mil personas.
Isabel Cifuentes, experta del Centro de Estudios Urbanos y Regionales, (CEUR) de la Universidad de San Carlos de Guatemala dice que en la capital cuando empieza a llover, se elevan los riesgos de deslizamientos en asentamientos improvisados.
Es evidente en algunos casos, la mala calidad de los materiales de construcción porque unos son más frágiles que otros. También la escasa colocación de varillas de hierro en columnas, ausencia de costillas horizontales, soleras, dinteles o falta de cimentación de concreto para proteger las viviendas contra humedad.
Antiguamente las casas en las costas eran construidas a más de un metro y medio arriba del suelo, ahora se imita y se construye a nivel del mar, lo que fallará y ha fallado en casos de inundación. El cambio de hábitos aumenta la vulnerabilidad, puntualiza.
Si ocurriera otra tormenta tropical grave, las construcciones nuevas no estarían técnicamente preparadas, lo que indica que la gente está aceptando el riesgo aunque luego sufra consecuencias lamentables, valora la experta.
Carlos Villagrán de León del Centro de Investigación y Mitigación de Desastres apunta en lineamientos generales para el manejo de inundaciones, que las vulnerabilidades pueden ser estructurales en las viviendas; funcional y operativa en el comercio y servicios; financiera y de ingresos económicos; social, educativa y psicológica.