El bloqueo impuesto por Israel a la franja de Gaza provocó la ira del movimiento Hamas y dejó en difícil posición a Egipto, obligado a contener el pavor de la población palestina tras la apertura forzada de su frontera con ese territorio.
La miseria en la que viven a diario 1,5 millones de personas en Gaza se desparramó rápidamente, en menos de 48 horas, al lado egipcio.
Activistas abrieran con explosivos un boquete en el muro que separa a ambos territorios, y centenares de miles de palestinos se abalanzaron para comprar de todo en el país vecino, a la espera de tiempos aún peores, mientras unos pocos confesaban que sólo querían respirar una bocanada de aire fresco.
La violenta respuesta del Hamas y sus partidarios, con la destrucción de los imponentes muros en la frontera, plantea graves riesgos para la seguridad egipcia, y las autoridades de ese país, tras dejar pasar la marea humana, intentaron ayer restaurar gradualmente el control.
Sin embargo, la postura del presidente Hosni Mubarak no es fácil, puesto que endurecer su respuesta podría provocar rápidamente un drama en el puesto fronterizo de Rafah. Y una mano excesivamente blanda puede, a largo plazo, deparar graves sorpresas, en su propio país o en algún otro lado.
Para Israel, las imágenes de una población a oscuras y hambrienta al otro lado de su frontera no pueden durar tampoco excesivamente.
«En el plano internacional, Israel está otra vez en la posición del acusado, inclusive, si, en este momento, ello no debería tener consecuencias diplomáticas graves», explicó una alta fuente oficial en el ministerio de Relaciones Exteriores israelí.
Los disparos de cohetes desde Gaza hacia territorio israelí, que motivaron el bloqueo, han vuelto a bajar de intensidad, la única buena noticia dentro de la crisis. Pero esa situación tiene todos los visos de ser provisional.
El gobierno israelí no puede tolerar que se prolongue la lluvia de proyectiles contra su territorio. Los habitantes del sur del país ya le han expresado al primer ministro Ehud Olmert su indignación, que puede tener impacto electoral.
La Autoridad Palestina de Mahmud Abas, que controla Cisjordania, consiguió durante la semana que Israel suavizara el bloqueo y permitiera de nuevo el suministro de carburante; pero puede perder aún más prestigio en Gaza, controlada por Hamas, si el caos humanitario se prolonga excesivamente.
«Egipto esta siempre listo para ejercer un papel para cicatrizar las heridas entre los hermanos palestinos, para garantizar su unidad», afirmó ayer Mubarak.
Israel y Estados Unidos mostraron su inquietud ayer por lo que consideran una grave brecha en la seguridad regional. El paso de Rafah, además, sólo puede ser abierto con el visto bueno del gobierno de Tel Aviv, según un acuerdo garantizado por Washington.
Hamas parece a primera vista ser el único que ha salido ganando de la situación, al desplazar la crisis momentáneamente a Egipto. Pero si la frontera vuelve a cerrarse al oeste, la situación puede volverse explosiva incluso para sus dirigentes, responsables de la supervivencia de sus conciudadanos.