Calificción no calificación


¿Cuál es la calificación que a este gobierno saliente se le puede asignar? Esta es la pregunta de quienes, traumatizados por el sistema de evaluación escolar, tienden a ponerle nota a todo lo que se les pone a la vista. «Â¿Cuánto le pondrí­as a esa chava?», me preguntó un amigo el otro dí­a en un centro comercial. Y yo, de manera muy natural le respondí­: «ochenta y ocho punto cinco». Y continué: «Creo que pasa muy bien la prueba». Traumados que estamos.

Eduardo Blandón

Pero bien, a este gobierno, siguiendo con el trauma escolar, se le puede poner una calificación. ¿Cuánto le pondrí­a usted? ¿Con base a qué criterios? ¿Una evaluación subjetiva u objetiva? Olvidémonos de tantos rollos que quizá sólo a los pedagogos interese y mejor demos una calificación con base a los latidos de nuestro corazón que es lo que en la vida pública (a veces también la privada) importa. Demos ví­a libre a nuestra percepción y asignemos la nota. «Voy primas», como se dice en buen chapí­n.

Yo le darí­a a este gobierno un sesenta y uno (lo que significa en algunas universidades pasar arrastrado el curso) si lo considero con piedad y benevolencia. Veamos por qué. En primer lugar, este ha sido un gobierno en el que el Presidente aunque de inteligencia calamitosa se muestra como simpático a la población. Admitámoslo, estamos cansados de tantos pí­caros que nos han gobernado: Rí­os Montt, Cerezo Arévalo, Arzú Irigoyen… Y el problema es que no sólo han tenido cara de pí­caros sino que lo han sido también. La población ha tenido oportunidad en este gobierno de tipos así­ como el Presidente actual: con cara de yo no fui (aunque se sabe, han sido evidentes sus picardí­as en las concesiones para que hagan dinero sus amigos y, también dicen por ahí­, sus familiares).

Dos. Este gobierno si bien ha hecho muy poco por los pobres, se ha preocupado por las carreteras. Eso ha sido evidente, como lo humano no va con ellos (con los empresarios de la Gana) y sienten aversión y odio por los menos favorecidos, le apuestan a las cosas y en este caso les ha fascinado el rollo de las carreteras y los aeropuertos. En otros rubros de la construcción han sido mediocres, pero, otra vez, es porque han estado de por medio los pobres a los que no pueden ni ver en pintura. Un ejemplo que ya es proverbial en ellos fue su inutilidad para ayudar a los afectados por las catástrofes, el Stan es una prueba. Su inutilidad sin duda ha hecho aparecer a un ílvaro Arzú (que fue efectivo con el Mitch) como casi un dios.

Tres. Hay que admitir que con los medios en general (especialmente con la prensa) han sido geniales. Prácticamente, a excepción de La Hora y otros dignos medios, han sido intocables. Incluso, todaví­a hoy, algunos medios dicen que sus encuestas lo colocan (al presidente Berger) como un gobernador con mucha aprobación popular y, para escándalo de muchos, su esposa ha sido llevada casi a la gloria de Bernini, a la par de Madre Teresa. ¡Imagí­nese usted! Igualito al trato que le empiezan a dar a la esposa de ílvaro Colom, ¿no es cierto?

Sesenta y uno es la nota que le darí­a yo a este gobierno, siendo benévolo y buena onda. Urge hacerlos pasar -al gobierno- (como en la escuela) a otro grado, no vaya a ser que repitan y entonces sí­ nos lleva el Diablo.