Calidad y no cantidad educativa


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Calidad y no cantidad excesiva de años de estudio, es lo que debería prevalecer en cualquier esfuerzo para fortalecer la preparación de los estudiantes de la carrera de magisterio. Es una completa falacia la propuesta que ahora se discute y que más parece una imposición, de aumentar tres años para que los alumnos puedan graduarse, con el argumento que con más tiempo en las aulas tendrían mejor formación académica.

Félix Loarca Guzmán


Hasta donde la vista permite escrutar, la Ministra de Educación, Cynthia del Águila, ha estado dando palos de ciego en este asunto, que por cierto no es original de su administración, pues tal proyecto ya se había intentado hace varios años. 

Se trata de una propuesta antidemocrática, producto de presiones foráneas, que truncará las aspiraciones de muchas familias pobres de ver a sus hijos con el título de magisterio bajo el brazo, pues  no estarán en condiciones de costear tres años más de estudios. 

Además, este nuevo intento ha estado rodeado de nubarrones grises, pues desde el principio no hubo voluntad de diálogo de la titular de la cartera de Educación con las partes involucradas, que en este caso son los estudiantes normalistas, sus maestros y los padres de familia.

La resistencia de la Ministra de hablar con los alumnos para explicarles los alcances del proyecto, fue la causa de los incidentes que se produjeron durante los días pasados, cuando agentes de la Policía comandados por el Ministro de Gobernación, coronel Mauricio López Bonilla, reprimieron a los estudiantes con violencia y gases lacrimógenos, en el momento que los mismos estaban impidiendo el paso de vehículos en el Anillo Periférico de la ciudad de Guatemala, para ser escuchados.

Finalmente, una caricatura de diálogo empezó ayer, pero con la ausencia de la Ministra,  sin la participación de los padres de familia y de los actuales maestros de las escuelas normales.

El peligro con un gobierno autoritario y de tendencia oligárquica, como el que actualmente existe en Guatemala encabezado por el general Otto Pérez Molina, es que  pudiera alentar la formación de maestros que respondan a los intereses de la clase dominante, es decir, garantizando la reproducción de la fuerza de trabajo para un sistema educativo destinado a legitimar los valores de una élite,  cuyo principal objetivo no es el interés social, sino la multiplicación de sus capitales.

Una transformación a fondo de la educación, tendría que estar ligada a una abolición de las estructuras de injusticia, explotación de los trabajadores y saqueo de los recursos naturales, en un país rico lleno de pobres, para convertir en realidad el pensamiento de José Martí cuando dijo: “Y me hice Maestro, que fue hacerme creador”.