Caí­da de materias primas repercute en el continente


Unos granjeros recogen los frutos del olivo con los cuales se comercializan para que la industria extraiga aceite. La caí­da de las materias primas está afectando a las economí­as en ví­as de desarrollo, como la latinoamericana.

La crisis financiera puso en evidencia el talón de Aquiles de la economí­a de América Latina: su dependencia de las materias primas, cuya caí­da puede lastrar el crecimiento en el continente.


La amenaza de una recesión mundial marcó el final de un ciclo para el petróleo, los minerales y los productos agrí­colas, cuyas cotizaciones cayeron a la mitad en algunos meses.

«La baja de las materias primas es el principal canal de propagación de la crisis en América Latina», afirmó el economista Harold Bayer, del Centro de Estudios Públicos (CEP) de Santiago.

La región se ha caracterizado «históricamente por una economí­a volátil y dependiente de sus exportaciones de materias primas» y no dispone más que de «unos pocos instrumentos para amortiguar esta fluctuación».

Un alto funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI), David Robinson, estimó que una «caí­da del 10% de las materias primas reduce el crecimiento (de América Latina) en cerca de un 1%», según afirmó en una reunión en Chile, la semana pasada.

Una constatación estampada en un reciente informe del Banco Mundial también es elocuente: más del 90% del producto interno bruto (PIB) regional proviene de paí­ses exportadores netos de materias primas.

La entidad acaba de corregir a la baja las previsiones de crecimiento.

Tras una media de 5% en los últimos cinco años la región debe perder un punto porcentual a 4,6% en 2008, y situarse entre 2,5 y 3,5% en 2009.

El derrumbamiento de las cotizaciones afecta la mayor parte del paí­s: la soja para Argentina y Brasil, el café para Colombia, los minerales para Chile, Bolivia y Perú, sin olvidar el petróleo para México y Venezuela.

El cobre sufrió una caí­da espectacular: del nivel histórico de cerca de 4 dólares en junio, la libra del metal rojo cayó por debajo de los dos dólares. Para Chile, paí­s donde la mitad de las exportaciones está constituida por el cobre, cada punto porcentual de baja se traduce en una pérdida de 100 millones de dólares.

«Los peores escenarios que nos imaginamos hace algunas semanas acabaron quedándose cortos ante la dura realidad», comentó Juan Carlos Guajardo, director del Centro Chileno de Estudios sobre el Cobre.

La baja de las cotizaciones internacionales desestabiliza los mercados de los productos agrí­colas, ejerciendo una fuerte presión sobre las finanzas de los paí­ses petroleros.

«Las exportaciones de carne disminuyen y también los precios de todos cereales: trigo, soja, maí­z. Además, los costos de producción aumentaron enormemente, por lo que resulta difí­cil seguir produciendo», atestigua Teodoro Mulder, un dirigente rural, cerca de Buenos Aires.

La pulverización de las monedas «complica las próximas cosechas con el alza de los costos, puesto que los fertilizantes son importados», confirma Ana Laura Menegatti de la consultora brasileña MB Agro.

La reducción de la producción petrolera, anunciada el viernes por la OPEP, no deberí­a ser suficiente para sostener el precio del barril, lo que representa un fuerte golpe para Venezuela, donde los programas sociales son financiados por el petróleo.

El hundimiento de las cotizaciones del crudo (-60% desde julio) tendrá un «impacto muy fuerte» en este paí­s, donde el petróleo suministra el «94% de los recursos para las reservas internacionales y la mitad de los ingresos», señaló el economista venezolano Alexander Guerrero.

«Los paí­ses que saldrán mejor parados habrán de ser aquéllos que no despilfarraron sus ingresos y han invertido durante los años de oro, como Chile y Brasil», estimó Bayer.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ya habí­a advertido a América Latina en 2005, en un informe titulado «la maldición de las materias primas», exhortándola a romper esta dependencia so pena de no alcanzar el nivel de los paí­ses desarrollados en por lo menos un siglo.