Las fuerzas de seguridad nigerianas que aplastaron la rebelión de una secta islamista en el noreste del país reforzaron hoy las patrullas en la ciudad de Maiduguri, donde numerosos cadáveres se descomponían en las calles.
Decenas de soldados y policías antimotines registraban los automóviles y controlaban la identidad de todas las personas que ingresaban en la ciudad, recuperada esta semana de manos de los insurgentes que se declaran inspirados por los fundamentalistas talibanes.
El reportero vio esparcidos unos 30 cadáveres en tres de los cinco distritos donde se registraron los combates más violentos.
Un olor nauseabundo se repandía en uno de esos distritos, Ngomari Costain, situado detrás de la morgue del hospital universitario, donde los cadáveres se amontonaban, de acuerdo con fuentes médicas.