El tiroteo ocurrido el 15 de septiembre en el Hotel y Centro Comercial Tikal Futura me llevó a analizar la causa de tantos males que hemos venido padeciendo. La mayoría piensa que básicamente tenemos los siguientes problemas: criminalidad, corrupción, inestabilidad política, burocracia, como una paupérrima infraestructura y pienso que todo esto deviene de que hayamos ido perdiendo los fundamentales valores y principios. Si lo vemos bajo el prisma de la democracia, podemos decir que desde que dispusimos solo retomar el sistema de elecciones periódicas nuestro país se vino al suelo. No, no es aventurado decirlo. Analícelo, estimado lector, desde 1985 hasta la fecha, los gobiernos, llevándose entre los pies a la población, se fueron alejando de la ética, de la honestidad, del fiel cumplimiento de la ley y hasta de la política misma fuimos haciendo una vil politiquería.
Llegamos al colmo que la pobreza ha servido de plataforma para hacer negocios y si es que alguna vez se tuvo el interés de trabajar en programas económicos y sociales, éstos se tiraron al cesto de la basura y en el mejor de los casos se quedaron refundidos en las gavetas de los escritorios de tantos funcionarios. Pero se dejó algo sobre el tapete, a la mano, con una señal clara de prioridad para utilizarla como excusa perfecta para hacer dinero fácil y rápido. De ahí tantas compras y contrataciones para adquirir productos y servicios sin importar el precio, pues siempre dejan bien untadas las manos de dinero sucio obtenido a base de comisiones, compra de voluntades, prebendas y tantos beneficios adicionales que concede el poder, lo que incluye hasta pretender perpetuarse en el mismo.
Podrá el lector preguntarse ¿qué tiene que ver todo esto con lo acontecido en Tikal Futura? Yo le respondo rápidamente que ¡mucho! Pues en vez de hacer bien las cosas desde el principio, se tomó la torpe decisión de pretender reciclar una policía ya corrupta, mal entrenada y peor capacitada, la que sigue causando los problemas de siempre. Y la seguridad también sirvió de plataforma para hacer sobrevaloradas compras y contrataciones en construcciones, chalecos, armas, vehículos, antenas y cuanta cosa haya producido réditos y beneficios, haciendo a un lado la indispensable profesionalización, disciplina, capacitación y entrenamiento que sigue traduciéndose en la ausencia total de organización, tecnicismo, estrategia y tácticas efectivas, lo que en cada evento criminal queda al descubierto.
De ahí que asevere que cada vez somos más pobres. En seguridad, en calidad de vida, en manejo eficaz de los recursos públicos, en confianza y credibilidad, en nutrición, en salud, en educación, en eficacia, como en valores y principios. Un país económicamente pobre, es decir con ingresos per cápita inferiores al estándar, sale del atolladero con poner en práctica atinados planes para aumentarlos, pero nuestro caso no es tan simple, para lograr un cambio habrá que renovarnos de principio a fin. ¿Usted lo duda?