Lo que empezó como un lógico cuestionamiento, con relación a los compromisos que para el Presidente significa aceptar viajes en los aviones de los empresarios del país, se ha ido complicando por la serie de declaraciones poco meditadas que han dado funcionarios en el ánimo de desvirtuar una crítica que ellos intuyen como malsana y que en el fondo no persigue sino evitarle al ingeniero Colom el bochorno de facturas que, tarde o temprano, le irán pasando.
Pasando por alto lo más burdo, es decir la explicación del doctor Espada respecto a que Colom no consiguió boletos aéreos y por eso recurrió a sus amigos, hay que decir que sin mencionar para nada que el tema de los fertilizantes ha estado, como el de las medicinas, en la agenda histórica de los negocios realizados a la sombra del poder, se justificó el uso del avión a propulsión de Disagro, firma especializada en fertilizantes, bajo el argumento de que el principal socio de la empresa tiene interés en el Consejo de Desarrollo Rural. Por supuesto que debe tener interés porque es de suponer que si se logra ese desarrollo, ni modo que lo van a promover sin impulsar el mayor uso de fertilizantes.
Pero el colmo del enredo vino cuando el vocero presidencial, queriendo agregar transparencia a los arreglos, dijo que el CACIF era el responsable de proporcionar aviones al Presidente para sus viajes. Los empresarios, que de tontos no tienen un pelo, se apresuraron a desmentirlo porque ellos saben que la cúpula empresarial se vería en entredicho ante la confirmación de un pacto de esa naturaleza. Y es que aquí y en cualquier lugar del mundo, esos favores despiertan suspicacias y ya dijimos como en Estados Unidos hay una ley que prohíbe a los funcionarios usar naves particulares para asuntos oficiales y aún para cuestiones privadas cuando haya el menor riesgo de conflicto de intereses.
No creemos que el Presidente de un país deba andar limosneando ni viajando de jalón. Tampoco somos de los que piensan que los presidentes no tienen que viajar, porque cada vez es mayor la relación internacional y se demanda la presencia de los gobernantes en diversas cumbres, por lo que pensamos que vale la pena que el gobierno piense en adquirir una nave confiable y segura. Todos los países del mundo poseen aviones para transportar a sus mandatarios, cabalmente porque es muy feo y comprometedor que de la Presidencia anden llamando para ver quién les hace la campaña de llevarlos o de prestarles su aeronave. Y que se quiten de la cabeza la idea de que el propósito es dañarlos. Se trata de preservar la independencia del poder público para que opere siempre en función del interés nacional.