Cada vez es más evidente la incapacidad de gobernar


Les cuento que me acabo de encontrar con una persona que sin ambages me aseguró haber optado por no enterarse más de las noticias, pues no le dejaban ningún provecho. -Lo que para mí­ era un buen hábito, dijo mi interlocutor, -dejó de serlo porque no me traí­a nada bueno, ¿para qué me voy a enterar a diario de tanta porquerí­a que ocurre en el Congreso; de tantos delincuentes que dejan libres nuestras autoridades por la incapacidad del Ministerio Público para demostrar su culpabilidad o de la descarada corrupción que sigue existiendo en el manejo de fondos públicos? -No, expresó enfáticamente, -suficientes problemas tengo todos los dí­as con el desordenado tránsito de vehí­culos y con que el dinero no me alcanza para nada, para seguir amargándome la vida con tantas malas noticias.

Francisco Cáceres Barrios

Traigo a cuenta lo anterior porque de la misma manera razonan muchos de mis paisanos, tomando una actitud de indiferencia o dejadez para ejercer sus derechos ciudadanos y así­ cambiar el estatus de incapacidad demostrada por los gobiernos. -¿Para qué, si la situación en vez de mejorar, empeora cada dí­a más? Es el decir. De ahí­ que me entusiasmara el gesto que merece estí­mulo, reconocimiento y apoyo de un sector polí­tico con representantes en el Congreso de la República, de la Gremial de Fabricantes de Productores de Medicamentos, de la Asociación de Mujeres Médicas, de la Asociación de Jubilados del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y de la Asociación de Estudiantes Universitarios de la Usac por crear un Observatorio que busca la transparencia en Salud y Asistencia Social de Guatemala, empezando por fiscalizar todas las compras de medicamentos del Estado.

Es cierto, no es fácil subir la empinada montaña de la impunidad en Guatemala. Ponerle el punto sobre las í­es a la maquinaria burocrática gubernamental que permite que determinado grupo de empresas acaparen los contratos de medicamentos sin que se logre vigilar la calidad de las medicinas que se compran, por no decir que sean las más eficaces y baratas, como querer transparentar de la noche a la mañana los miles de millones de quetzales que corren debajo de las mesas de adjudicación de los mismos, es igual a quererle tocar las partes í­ntimas al animal más fiero del zoológico. No queda otro camino entonces, que tomar las riendas de la situación para demostrar con hechos y no palabras la incapacidad monumental del actual gobierno. Lo que ha demostrado fehacientemente al darle un palmo de narices a tantos ingenuos chapines que suponí­an que de un dí­a para otro, podrí­a realizar una eficaz reforma tributaria y no solo ponerle una mancha más al tigre, la que por cierto, terminaremos pagando los de siempre. De ahí­ mi aplauso para la acción ciudadana de hacer un trabajo que, sin lugar a dudas, es responsabilidad de la también incapaz Contralorí­a General de Cuentas.