Copias no censuradas del inmenso archivo de cables del Departamento de Estado norteamericano en poder de WikiLeaks circularon hoy por toda la internet, con lo cual un gran conjunto de fuentes quedaron expuestas a la vergí¼enza pública y posibles represalias.
En tanto, Washington negó haber cooperado jamás con el grupo y condenó a WikiLeaks por supuestamente poner en peligro la seguridad tanto del país como de informantes confidenciales.
WikiLeaks ha culpado de la filtración al periódico británico The Guardian, señalando que un periodista investigador había revelado la contraseña necesaria para acceder a los archivos en un libro publicado meses atrás. Periodistas de The Guardian respondieron que fue la falta de seguridad en el sitio de Julian Assange lo que permitió poner los cables a la vista del mundo.
En un largo editorial en la internet, WikiLeaks acusó al periodista investigador David Leigh, de The Guardian, de deslealtad, señalando que su revelación había puesto en peligro meses de «trabajo cuidadoso» emprendido por WikiLeaks para editar y difundir los cables.
«Revoluciones y reformas están en peligro de ser derrotadas a medida que los cables inéditos llegan a contratistas de inteligencia y gobiernos antes que al público», dijo WikiLeaks en su declaración.
Leigh negaron a The Guardian haber cometido faltas, y la sucesión precisa de los acontecimientos a los que se refirió WikiLeaks quedó sumida en la confusión y las recriminaciones.
Se sabe desde hace tiempo que WikiLeaks perdió el control de los cables no editados incluso antes de su difusión. The New York Times y otros medios de prensa, han recibido copias de los mismos documentos independientemente de WikiLeaks.
Pero esta es la primera vez que el catálogo completo de cables no editados llega a la internet.
Hasta hace poco, WikiLeaks entregaba lotes relativamente pequeños de archivos a sus organizaciones asociadas —decenas de órganos de prensa y grupos defensores de los derechos humanos— para que eliminaran la información que pudiera poner en peligro a personas inocentes. Sólo entonces esos archivos llegaban al público.
Pero ahora que los cables no editados están circulando en el dominio público, todo ese trabajo ha sido arrojado por la borda.
En su declaración, WikiLeaks culpó a The Guardian y a un «individuo alemán» al que no identificó.
Leigh dijo que la declaración de WikiLeaks era «tonterías que provocan pérdida de tiempo».
Reconoció que Assange le había revelado la contraseña necesaria para acceder a los cables de la embajada de Estados Unidos en julio de 2010, pero que le había dicho que el sitio dejaría de existir en unas pocas horas.
«Lo que publicamos mucho más adelante en nuestro libro era obsoleto e inofensivo», dijo Leigh en un correo electrónico. «No revelamos el URL (dirección de internet) donde se encontraba el archivo, y en todo caso Assange nos había dicho que hubiera dejado de existir».
Añadió que «en todo caso, no veo cómo alguien del público pudiera acceder a semejante archivo, salvo que una persona de WikiLeaks actual o anterior le dijera dónde estaba y cómo se llamaba».