Han transcurrido los días de más intensa búsqueda y demanda por la aplicación de justicia, como no se había visto en mucho tiempo. Las acusaciones vertidas post mórtem, sin embargo, llevan implícita una alta dosis política. De hecho tal connotación ha generado la más grande confusión de peticiones. Lo que a su vez ha provocado un caos que habrá de terminar, me temo, en una frustración generalizada.
Es innegable que a todos afecta el estado de impunidad que nos ha tocado padecer en los últimos años. Una impunidad que se ha acrecentado a partir del debilitamiento impuesto al Estado de Guatemala, a partir de lo que se denominó en su momento como la desincorporación de éste. El clamor por la justicia, en consecuencia es generalizado e impostergable.
Las severas acusaciones efectuadas mediante el ya extremadamente famoso video habrán de pasar por el crisol del riguroso sometimiento a las pruebas que se están recabando. En días pasados me referí a lo totalmente inusitado e inédito de lo acontecido. Si tal es parte de una confabulación, ésta se habría emprendido con los medios y técnicas más modernas para generar la atmósfera de confusión que ahora prevalece.
Confusión que habrá de tender a la generalización de un caos que a su vez provoque un agudizado estancamiento, hasta propiciar un retroceso en materia política e incidencia social. Quienes desean ver en el cortoplacismo, tan característico en nuestro país, la necesidad de un retiro de la persona en el ejercicio de la presidencia como condición indispensable para dilucidar las tres más famosas muertes de los últimos cincuenta días, habrán de llevarse tremenda frustración cuando sus 35 mil firmas no signifiquen nada más que un derecho de petición mal encaminado y tendenciosamente orientado.
Tan importante como preguntarse lo que hay detrás de esta penosa situación, es el contexto en el que se produce. Así hemos de ver que no hay condiciones que se originen en nuestro país, por cuestiones casuísticas. Aquí nada pasa al azar.
No obstante es importante recalcar que los últimos acontecimientos están marcados por pretensiones al margen de la ley, pasando por varios desaciertos en su conducción desde la perspectiva gubernamental. Las aguas están agitadas y la tormenta, también me temo, se desatará aún más. La búsqueda de estabilización política de esta coyuntura a todos nos distrae de los problemas de fondo.
Pareciera entonces que uno de los propósitos ya se ha alcanzado. Me explico, se pretende paralizar la gestión gubernamental. Estancar la conducción del Estado. Todos perdemos. Se ha estado enarbolando un inducido y erróneo sentimiento de nacionalismo. Pero en suma lo que predomina es una arrogancia indiscriminada.
Quienes aducen que el video les «abrió los ojos», no hacen más que reconocer su errónea interpretación de la realidad nacional. La anomia tan tristemente característica de nuestra sociedad ha encontrado en estos últimos acontecimientos un campo fértil que podría servir para reestructurar todo el sistema político, pero esa suerte de visión futurista también pretende ser cooptada y el debate habrá de girar alrededor de la coyuntura. De nuevo serán argumentos entre «buenos y malos». El tema pesa sobre nuestros hombros, nos guste o no. Contar con capacidades para hacer tal esfuerzo es parte del desafío que como sociedad también tenemos. Ojalá y nos podamos apartar del cortoplacismo que tanto daño nos está provocando.