La gira por Medio Oriente del presidente estadounidense George W. Bush el miércoles inicia un año de varios viajes al extranjero, pero también de despedida, ensombrecido por la contienda electoral por su sucesión y por la guerra en Irak, señalan expertos.
Los presidentes norteamericanos que no buscan la reelección suelen mirar hacia el exterior en el último año de su mandato, en parte para contrarrestar su disminuida presencia en casa cuando toda la atención se centra en quién será el nuevo inquilino de la Casa Blanca.
«El peligro para un presidente en su último año es ser visto como irrelevante, y que la maquinaria del gobierno sea vista simplemente como a la deriva, en espera del próximo presidente», dijo Eric Davis, un analista político en Middlebury College.
Los viajes internacionales son una forma «de atraer la atención sobre aquellos temas» que Bush quiere destacar antes de entregar el gobierno en enero de 2009, quizás a un demócrata crítico de sus políticas, dijo Davis.
La guerra de Irak se cobró la vida de unos 4 mil soldados estadounidenses y miles de millones de dólares, y los aspirantes demócratas a la Casa Blanca están bajo fuerte presión para terminar con la participación de Estados Unidos en el conflicto.
Los asesores de Bush reconocen que Irak definirá el juicio de la historia sobre su gobierno, pero afirman que la estrategia está funcionando y que dependerá del próximo presidente completar la tarea allí.
Entretanto, la gira de Bush busca forjar un frente unido contra Irán y aprovechar lo que él considera una oportunidad para crear un Estado palestino independiente en paz con Israel para fines de 2008.
El propio Bush ha dicho que espera que los programas nucleares de Corea del Norte estén completamente desmantelados para cuando le entregue el poder a su sucesor –lo cual sería una importante victoria diplomática– y que las ambiciones atómicas de Irán queden contenidas.
La presión es real. Andrew Cordesman, un experto en política exterior del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), advierte que «el único legado que uno puede dejar es lo que realmente haya logrado mientras estuvo en el cargo».
«Uno no puede dejar como presidente un legado que sea una agenda para el próximo presidente», dijo Cordesman. «Y en este momento en el tiempo, con un año más de hecho por delante, el legado de uno es lo que uno ha hecho, no lo que uno hubiera querido hacer», añadió.
Bush, impopular en casa y en el extranjero en gran parte por los cinco años en Irak, parte el 8 de enero para un periplo de una semana que incluirá su primera visita a Israel como presidente y la primera en su vida a Cisjordania.
El viaje, que también lo llevará a Kuwait, Bahrain, Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto, tiene lugar después de que Israel y los palestinos reiniciaran conversaciones de paz en una conferencia en noviembre en Estados Unidos.
Pero «la realidad es que es mucho más probable que este proceso pase a la próxima administración si tiene éxito. Y no tenemos una historia particularmente buena de traspaso de una administración a otra», dijo Cordesman.
También se espera que Bush viaje en febrero a ífrica subsahariana, una oportunidad de promocionar su revisión de la ayuda estadounidense para la lucha contra el sida y sus esfuerzos para recompensar las reformas democráticas con un mejor acceso a los mercados estadounidenses.
El apretado calendario también incluye la asistencia a encuentros anuales internacionales, como la cumbre de la OTAN en Rumania en abril, la cita del G8 en Japón en julio, y el Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) en Perú en noviembre.
Bush, quien también planea visitar China para los Juegos Olímpicos en agosto, no descarta agregar nuevos destinos, así como viajar dentro de Estados Unidos para apoyar sus políticas más preciadas, como la lucha contra el terrorismo, la reforma migratoria y el recorte impositivo.