El presidente de Estados Unidos George W. Bush colocó esta semana a Colombia y el TLC entre ambos países, al frente de su estrategia para contrarrestar a Venezuela en Latinoamérica, sin convencer a la oposición demócrata y obviando sus propias relaciones comerciales con Caracas.
«El TLC con Colombia se convirtió claramente en la máxima prioridad actual del gobierno para Latinoamérica, tras la aprobación del acuerdo con Perú» el martes, explicó Nelson Cunningham, que fuera asesor para Latinoamérica del ex presidente Bill Clinton y trabaja actualmente para Kissinger McLarty Associates.
Tras hablar el lunes con el presidente ílvaro Uribe, su mayor aliado de la región, de la situación de los rehenes de las FARC después de la ruptura de la mediación de Chávez, Bush advirtió enérgicamente al Congreso, controlado por los demócratas, de que «insultarían a un amigo» si rechazaran el acuerdo.
Sus amenazas no convencieron a la oposición: «las preocupaciones de los demócratas sobre los asesinatos de sindicalistas en Colombia son profundas y fuertes», afirmó Cunningham. «A esta altura, la aprobación del TLC está lejos de estar garantizada», aseguró.
Para vencer las reticencias del Congreso, que se niega a ratificar un acuerdo firmado hace un año, Bush no dudó en en agitar la amenaza del mandatario venezolano, Hugo Chávez, el máximo rival de Estados Unidos en la región.
Para Daniel Restrepo, del Center for American Progress, las declaraciones de Bush sólo han sido retórica. A pesar de confrontar públicamente el TLC con Chávez, el presidente «no está haciendo nada de nada actualmente para mejorar las relaciones con el liderazgo demócrata en el Congreso».
«Si no se acerca a la oposición, es imposible pensar que el tratado tenga muchas posibilidades de ser aprobado el año que viene», explicó el experto, en alusión a las tensas relaciones actuales entre el presidente republicano y el Congreso controlado por la oposición.
Como lo señaló Restrepo, al presentar el libre comercio como la máxima prioridad para frenar a Chávez, Bush se olvidó de las relaciones comerciales que su propio país mantiene con Venezuela, que le vende aproximadamente 11% del petróleo importado por Estados Unidos, casi 60% de la producción del país sudamericano, según la Agencia de Información de Energía (EIA).
En estas condiciones, «decir que Estados Unidos va a frenar a Chávez con un TLC, casi no tiene sentido. Es sólo retórica. Hoy día, la relación de libre comercio casi más importante para Estados Unidos en Latinoamérica es la compra de petróleo de Venezuela», destacó el analista.
De hecho, las advertencias de Bush no convencieron a los dirigentes demócratas del Congreso, que llevan varios años acusando al gobierno de haber descuidado a Latinoamérica y de haber centrado su política para la región exclusivamente en el libre comercio sin atender la demanda social de una de las zonas más desiguales del mundo.
«El enfoque estrecho del Gobierno causó mucho daño», lamentó Harry Reid, el jefe de la mayoría demócrata en el Congreso. «Hemos dejado un vacío en varias áreas que dieron espacio a fuerzas no constructivas para extender su influencia», añadió, en alusión a Venezuela, echando la culpa a Bush.
«Debemos preocuparnos menos de lo que hace Chávez y más de lo que hacemos nosotros», respondió, por su parte, el senador demócrata Bob Menéndez (Nueva Jersey), quien pidió más fondos estadounidenses para el desarrollo económico y social, para tratar de dejar a Chávez al margen.