El primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente palestino, Mahmud Abas, intentarán reactivar el proceso de paz israelo-palestino en la reunión internacional de la próxima semana en Estados Unidos, aunque sus posibilidades de éxito se consideren escasas.
Olmert y Abas participarán en la reunión organizada en Annapolis, cerca de Washington, bajo el patrocinio del presidente estadounidense, George W. Bush.
Ambos irán con un mismo objetivo: reanudar las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina, bloqueadas desde 2000, año del fracaso de la cumbre israelo-palestina de Camp David patrocinada por el entonces presidente estadounidense, Bill Clinton, y del comienzo de la Intifada palestina.
Su ambición también es la misma: lograr la creación de un Estado palestino independiente que pueda convivir con Israel.
Para que este objetivo y ambición comunes puedan hacerse realidad, Bush ha invitado a una «cena de trabajo» a Olmert y Abas, en compañía de la secretaria estadounidense de Estado, Condoleezza Rice, y después a Annapolis, para una serie de encuentro. Luego recibirá a ambos dirigentes en la Casa Blanca.
Posteriormente se deberían iniciar las negociaciones sobre el estatus final de los territorios palestinos.
«No lograremos resultados inmediatos» en Annapolis pero «esperamos discutir los temas esenciales» que permitan a palestinos e israelíes mantener negociaciones para lograr una solución del conflicto y la creación de un Estado palestino», señaló el martes la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
Desde Egipto, Olmert también consideró posible el martes logra «un acuerdo definitivo» en 2008.
Por su parte, Abas se declaró recientemente «determinado a lograr una paz real, en el interés de nuestras futuras generaciones».
Sin embargo los obstáculos parecen insuperables, vista la dificultad de ambas partes en lograr en las últimas semanas un documento conjunto que sirva de base a la reunión de Annapolis.
«Se supone que la reunión de Annapolis no es un encuentro de conversaciones. Las negociaciones comenzarán después y se referirán a las cuestiones más fundamentales. No evitaremos ninguna», prometió Olmert.
Para lograr concretar la propuesta que Bush mantiene desde 2002 de dos Estados independientes que convivan uno junto al otro, los palestinos esperan que los israelíes paralicen la colonización de la Cisjordania ocupada.
En cuanto a los israelíes, estos exigen que los palestinos cesen toda violencia, algo muy complicado tras la toma de control, en junio, de la franja de Gaza por el movimiento islamista Hamas, que preconiza la lucha armada contra Israel.
En caso de que se respeten estas dos condiciones –que están en la Hoja de Ruta, el plan internacional de paz lanzado en 2003– entonces habrá que definir el territorio del futuro Estado palestino y la suerte de las colonias hebreas en Cisjordania así como la de los más de cuatro millones de refugiados palestinos.
El estatus de Jerusalén es igualmente complejo. Los palestinos reivindican como capital de su futuro Estado la parte este de la ciudad, conquistada y anexada por Israel en 1967.
En octubre, Olmert dio a entender que podría renunciar a la soberanía israelí sobre ciertos barrios de Jerusalén este. Pero inmediatamente empezó una campaña en contra de esta propuesta en Israel.
Los palestinos, por su parte, también reclaman un calendario preciso para el fin de las negociaciones y una fecha para la creación de su Estado.