Buscar rutas seguras


Los naví­os mercantes buscan a duras penas rutas marí­timas seguras para esquivar a los piratas somalí­es con una idea fija en mente: evitar el encarecimiento de los costos en un sector muy golpeado por la crisis económica.


¿Pasar por el Golfo de Adén, terreno de caza predilecto de los piratas somalí­es, o tomar la ruta más larga y no por ello segura del Cabo de Buena Esperanza? Los armadores tienen la sensación de elegir entre la peste y el cólera.

«Hay un equilibrio económico o comercial que encontrar», recalca Gavin Simmonds, especialista de seguridad de la Cámara británica de transporte marí­timo.

La elección se resume a «transitar por el golfo de Adén, con la aguda amenaza de los piratas, los derechos de paso por el Canal de Suez y el coste adicional en seguros, o seguir la ruta más larga de Buena Esperanza, usada generalmente por los pequeños naví­os vulnerables a los ataques», dijo.

Cualquiera que sea la opción elegida, los naví­os nunca están al abrigo del peligro, recalcan los expertos.

Desde el despliegue de buques de guerra europeos cerca de la desembocadura del mar Rojo y gracias a los medios amasados con el cobro de los rescates, los piratas se adentran en zonas cada vez más alejadas del litoral, a las que llegan en barcos nodrizas.

«Se observa un desplazamiento de los actos de piraterí­a hacia aguas de alta mar al este de Somalia», afirma Cyrus Mody, director de la Oficina Marí­tima Internacional (OMI).

«Los ataques entre 300 y 500 millas náuticas (entre 550 y 930 km) de las costas son bastante frecuentes», añadió.

Selon la OMI, el año pasado más del 80% de los ataques en la región tuvo lugar en el golfo de Adén y menos del 20% al este de Somalia. Pero en lo que va de año más de un tercio de los ataques se registró en el este.

«Si un barco mercante es atacado en estas aguas, hay muy pocos buques militares para socorrerlo», recalca Mody.

Pocos armadores siguieron los pasos del gigante danés A.P. Moeller-Maersk, uno de cuyos naví­os, el «Maersk Alabama», fue atacado recientemente. Desde finales de 2008 el armador danés desví­a parte de su flota para que transite por Buena Esperanza.

El desví­o prolonga de cinco a quince dí­as la duración del viaje y puede encarecer el trayecto en cientos de miles de dólares, algo muy duro en periodo de crisis.

«No decidimos cambiar nuestras rutas por los piratas somalí­es», confiesa un responsable de la Pakistan National Shipping Corporation. «Los riesgos forman parte de la profesión», añade.

Tampoco lo hizo el estadounidense United Maritime Group. «Sólo hemos sensibilizado a nuestras tripulaciones para que redoblen la vigilancia y se mantengan a distancia de las costas», afirma el responsable jurí­dico Gerald Baca.

El armador noruego Odfjell, que habí­a optado por la ruta de Buena Esperanza, cambió de parecer en febrero «por el despliegue de buques de guerra internacionales», explica su portavoz Margrethe Gudbrandsen.

En la medida de lo posible los barcos deberí­an permanecer -según los expertos- a al menos 600 millas de las costas somalí­es.