Buscar cajas negras es una una carrera contrarreloj


Recuperar las cajas negras del Airbus de Air France a varios miles de metros de profundidad en el Atlántico es una carrera contrarreloj para la que se necesita tecnologí­a de punta y también mucha suerte, según los expertos.


El submarino nuclear militar francés «Emeraude» llegó ayer a la zona donde se estrelló el vuelo AF 447 Rio-Paris, a unos 1.350 km de la costa brasileña, y comenzó de inmediato las labores de búsqueda de las cajas negras.

Dotado de sonares ultrasensibles, este sumergible tratará de percibir la señal emitida por las dos cajas negras (de hecho de color naranja), que graban las conversaciones de la cabina de mando y los parámetros del vuelo, del Airbus que cayó al océano la noche del 31 de mayo al 1 de junio.

«Encontrar la caja negra si emite señales quizá sea posible gracias a los medios tecnológicos desplegados, pero si ya no emite las posibilidades de recuperación son í­nfimas», estimó ayer Felipe Toledo, profesor de oceanografí­a geológica de la Universidad de Sao Paulo.

La cuenta atrás ya empezó pues las cajas negras, aunque están pensadas para resistir la presión hasta 6 mil metros de profundidad, sólo estarán activas durante un mes. Quedan pues apenas tres semanas para localizarlas.

Una dificultad suplementaria: según el Instituto francés de investigación para la explotación del mar (Ifremer), las señales de las cajas negras tienen un alcance bajo el agua de unos 1.500 metros.

Pero en la zona de la caí­da «hay entre 2.500 y 3 mil metros de profundidad», estimó el profesor de oceanografí­a fí­sica de la Universidad de Rio de Janeiro (UERJ), David Zee, que llevó a cabo investigaciones en esta región del Atlántico en los años 80. En una región más vasta, los fondos pueden alcanzar profundidades de 3 mil a 5 mil metros, según Toledo.

El Pentágono ha enviado dos instrumentos de escucha («pingers»), una especie de sonares que pueden detectar señales en profundidades que van hasta los 6 mil metros. Están situados al final de cables de varios miles de metros arrastrados por un barco.

Con ese fin Francia fletó dos remolcadores de alta mar, el «Fairmont Expedition» y el «Fairmont Glacier».

Por otra parte, «cuanto más pasa el tiempo más se arriesgan las cajas a cambiar de posición, ser recubiertas por restos o sedimentos marinos, lo que debilitará su señal acústica», destacó el profesor Zee.

Para encontrar las cajas negras sin señal harí­a falta «excepto (en caso de) un golpe de suerte, dí­as, meses de navegación en una zona gigante e implicarí­a una inversión enorme», indicó el profesor Toledo.

El experto de la Universidad de Sao Paulo destacó que esta región del océano es muy poco conocida. «La zona de la búsqueda es gigantesca, y el relieve del fondo muy accidentado. Conocemos muy poco el Atlántico sur, es una de las regiones menos estudiadas», dijo.

Toledo recordó que las islas de Sao Pedro y Sao Paulo, cerca de la zona de búsqueda, se encuentran sobre la dorsal Medio Atlántica, una cordillera submarina que recorre todo el Atlántico de norte a sur.

«Existe una actividad volcánica incesante bajo el agua a una profundidad de 5 mil metros», precisó Toledo.

Si la suerte se pone del lado de los equipos de investigación, los dos submarinos (de los cuales un robot) a bordo del naví­o «Pourquoi Pas» del Ifremer se sumergirán en el profundo océano para tratar de remontar las cajas negras a la superficie».