En numerosas oportunidades, con el deseo de alertar y de motivar a quienes dirigen el país y a la ciudadanía, me he referido a los evidentes indicios, hechos y pruebas de la crisis económica mundial, a los efectos y a las medidas que localmente se pueden tomar ante la escalada de precios de la canasta básica, de los derivados de petróleo y del costo de vida en general.
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Encontrarse al frente de un ministerio no es tarea fácil, tanto quien lo designa como quien acepta el cargo sabe que se enfrentará a múltiples problemas, por tanto, no puede ni debe sorprenderle que permanentemente deba entregarse de lleno a la tarea de resolver los problemas que día a día la cartera tendrá.
En fechas recientes fueron citados ante el Congreso de la República los Ministros de Economía y Energía y Minas para explicar, ante el pleno cómo estaban enfrentando los constantes aumentos de precios de los alimentos y derivados de petróleo. Gracias a la Internet y a los medios de comunicación, la población tuvo la posibilidad de saber qué diputados intervinieron, qué preguntaron y qué les respondieron. La conclusión, no se está siendo eficiente ante la crisis, ante el aumento de precios, ante las necesidades de la población.
En los alimentos, el Estado ha sacrificado ingresos, ha concedido cuotas de importación con aranceles mucho más bajos, pero el pan, los huevos, el pollo, el aceite, el maíz, no han reflejado ninguna rebaja al consumidor. Esto evidencia que nuevamente los pocos intermediarios, los pocos productores nacionales de estos importantes alimentos continúan como el embudo, no trasladando ningún beneficio al consumidor.
En los precios de combustibles, andamos como el cangrejo, no se quiere comprender que las pocas compañías importadoras y distribuidoras están haciendo «su agosto», pero no un mes sino todo el tiempo. No es un secreto que en Guatemala no se importa crudo, sino productos terminados, tampoco es un secreto que estos productos son manejados en cadena o cascada por enormes conglomerados empresariales que constituyen monopolios o carteles nacionales e internacionales.
El crudo se extrae y su precio incluye los costos de exploración, extracción y la primera ganancia, lo compra otra empresa del grupo que lo comercializa o vende a las refinerías, agregándole la segunda ganancia. Una vez vendido, el crudo se transporta marítimamente por otra empresa del grupo, agregándosele la siguiente ganancia. Lo recibe y refina otra compañía que le agrega sus costos y una cuarta ganancia. Los productos refinados se venden a través de corredores o «brokers», que en su mayoría son miembros del mismo grupo de empresas, quienes venden el producto a precio internacional (Platz) más su respectiva comisión a las compañías intermediadoras que son las empresas importadoras y distribuidoras en cada uno de los países, las cuales también son empresas del grupo. Ellas importan, distribuyen y hasta transportan vía terrestre los productos ya refinados, agregándole los impuestos, sus costos y sus ganancias.
Como se evidencia, el producto terminado ya lleva incluido todos los costos y un montón de ganancias. Con ese precio se vende al gasolinero o al consumidor industrial. El gasolinero o distribuidor, en muchos casos, es propiedad o está administrado por otra empresa del grupo y al vender el producto terminado, lo hace agregándole costos, impuestos y una última ganancia. Es tan excelente el negocio que las grandes y conocidas empresas Esso, Shell, Texaco, Chevron son hoy las empresas más rentables del mundo. También hay negociantes locales como la familia Berger.