El gobierno y la oposición de Kenia emprendieron hoy conversaciones sobre el reparto de poder, el aspecto más sensible de las negociaciones iniciadas la semana pasada para poner fin a la ola de violencia que ensangrienta al país desde hace más de un mes.
«Las conversaciones comenzaron y (los negociadores) discuten sobre la cuestión del reparto de poder, un punto difícil», declaró un responsable del ministerio keniano de Relaciones Exteriores, que requirió el anonimato.
«Hoy se analizarán las cuestiones políticas y las controvertidas elecciones», afirmó por su parte el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, que encabeza la mediación en nombre de la Unión Africana (UA).
«Espero que avancemos lo más rápidamente posible, porque no tenemos tiempo» que perder, añadió Annan, quien ayer había considerado que las negociaciones serían «duras» y necesitarían «concesiones de ambas partes».
La semana pasada empezaron las negociaciones entre el opositor Raila Odinga, que oficialmente llegó segundo en las elecciones del 27 de diciembre, y el presidente reelecto, Mwai Kibaki, a quien Odinga acusa de fraude. Los dos bandos ya alcanzaron acuerdos sobre los medios para poner fin a la inseguridad y aliviar la crisis humanitaria.
La ola de violencia político-étnica que estalló tras el anuncio de los resultados electorales, marcados por graves irregularidades según numerosos observadores, dejó por lo menos mil muertos y unos 300 mil desplazados, afirmó hoy la Cruz Roja.
Numerosos analistas consideran que la mejor solución para salir del estancamiento político sería un reparto del poder, por el que Kibaki continuaría siendo presidente, aunque con prerrogativas reducidas, y se ofrecería a Odinga un puesto de primer ministro, cuya creación necesitaría una enmienda de la Constitución.
Ambos bandos afirmaron oficialmente que no están dispuestos a aceptar tal solución, pero Annan sugirió hoy que las negociaciones podrían introducir «leyes y legislaciones necesarias».
Mientras tanto, la situación seguía tensa en el Valle del Rift, en el oeste de Kenia, principal escenario de la violencia en las últimas semanas. Durante el fin de semana, 74 personas murieron en esa región en enfrentamientos entre las etnias kisii y kalenjin o con la policía.
Unas 4 mil personas de la etnia kikuyu, el grupo que ha dominado la política y la economía en Kenia desde su independencia en 1963 -y a la que pertecene el presdiente Kibaki- huyeron en los últimos tres días de sus hogares cerca de la ciudad de Eldoret, en el Valle del Rift, según un responsable de la Cruz Roja.
«El movimiento (de fuga) continúa», afirmó este responsable.
Las conversaciones entre representantes de los dos líderes rivales se reanudaron ayer en un hotel de Nairobi, en base a una hoja de ruta de las negociaciones acordada el viernes.
Los negociadores presentaron una serie de propuestas para promover la reconciliación, entre ellas la celebración de manifestaciones conjuntas y la creación de una comisión de la verdad según el modelo sudafricano.
Annan fijó un plazo de siete a quince días para resolver la crisis.
Semanas de violencia asestaron un fuerte golpe a la industria turística, principal fuente de divisas en Kenia, así como a la producción agrícola.