Buscan acuerdo sobre el cambio climático


La Unión Europea busca soluciones para el cambio climático y la reactivación económica. Foto Archivo.

Los lí­deres de la Unión Europea (UE) se reúnen jueves y viernes en Bruselas para una difí­cil cumbre centrada en el plan común de lucha contra el cambio climático y el programa de reactivación económica, en medio de divergencias sobre el reparto de los esfuerzos.


Durante la cumbre, los jefes de Estado y de gobierno de la UE esperan lograr además un compromiso de parte de Irlanda para organizar en 2009 un nuevo referendo sobre el Tratado europeo de Lisboa, que sus ciudadanos rechazaron en junio pasado provocando una nueva crisis institucional en el bloque.

Estas tres cuestiones anuncian ya una cumbre de cierre de la presidencia francesa de la UE con arduas negociaciones, empezando por el plan europeo de lucha contra el cambio climático, pretendido modelo para el resto del mundo e hipotecado por las reivindicaciones nacionales, en particular de parte de Alemania, Italia y Polonia.

La UE se fijó en marzo de 2007 un triple objetivo para 2020: reducir en 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a sus niveles de 1990 y llevar a 20% la parte de energí­as renovables en su consumo, que al mismo tiempo debe reducirse un 20%.

Pero los paí­ses europeos no se ponen de acuerdo sobre los instrumentos a utilizar para llegar a ese «20-20-20», con el agravante de que la crisis económica ha polarizado las posiciones.

La canciller alemana Angela Merkel ya advirtió el lunes su oposición a cualquier medida que «ponga en peligro el empleo o las inversiones en Alemania».

De su lado, el ministro de Relaciones Exteriores italiano, Franco Frattini, reiteró la amenaza de veto del jefe de gobierno Silvio Berlusconi si no se respetan sus exigencias para proteger la industria manufacturera.

La presidencia francesa indicó la semana pasada que «el 90%» del plan europeo «está finalizado», aunque admitió que queda «lo más duro», reservado para los jefes de Estado y de gobierno de los 27.

«Lo más difí­cil es el mecanismo de la subasta de las emisiones de dióxido de carbono (CO2)», afirmó el ministro francés de Medio Ambiente, Jean-Louis Borloo, al referirse a la hostilidad de Alemania para convertir en pagos estos permisos para contaminar, hasta ahora gratuitos.

Polonia, que produce su electricidad a base de carbón, muy contaminante, también se opone a esta idea de hacer pagar a la industria y los proveedores de electricidad cada tonelada de CO2 consumida a partir de 2013.

A estas fricciones se suman las que provoca el plan de reactivación económica lanzado por la Comisión Europea por un monto de 260.000 millones de dólares (200.000 millones de euros), y que deberí­a recibir el aval de los lí­deres de la UE durante la cumbre.

Según el proyecto de conclusiones de la cumbre, el plan representará «un esfuerzo presupuestario total de por lo menos el 1,5% del PIB (Producto Interior Bruto) de la Unión Europea», un compromiso que ciertos paí­ses del Este se resisten a aceptar a raí­z de sus problemas económicos y financieros.

Las divergencias se han agrandado además en los últimos dí­as entre Francia y Gran Bretaña por un lado y Alemania por otro.

PLAN Lucha compartida


El presidente francés Nicolas Sarkozy y el primer ministro británico Gordon Brown reiteraron en una reunión en Londres su intención de lanzar un plan lo más ambicioso posible.

En cambio, Alemania quiere que las promesas sean lo menos vinculantes posibles, una posición que suscriben paí­ses como Hungrí­a y Polonia, temerosos de ver como crecen sus déficits presupuestarios.

El hecho de que la canciller Merkel no fuese invitada a la minicumbre de Londres, en la que también estuvo presente el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, no hizo más que aumentar las tensiones.

«No veo bien que los tres se reúnan solos y que la canciller no esté ahí­», declaró en ese sentido el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier.

Por último, seis meses después del rechazo irlandés al Tratado de Lisboa, la UE espera tener una primera perspectiva concreta de salida de la crisis institucional, con un «compromiso» de Dublí­n sobre un plazo para ratificar ese texto, cuyo objetivo es mejorar el funcionamiento del bloque ampliado a 27 miembros.