Me he estado preguntando cuáles eran los sueños de Carlos Sosa, el niño víctima de bullying que murió recientemente en Huehuetenango. Habría hecho planes como todos de niños solemos hacer a esa edad y entre juego y juego vamos armando el mapa de nuestro futuro, una palabra que no tiene sentido al referirse ahora a él.
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Seguramente los adolescentes agresores también a esa edad y ahora soñaban, sueñan, en realidad en este momento más que soñar viven una pesadilla, consecuencia de sus actos, de su irresponsabilidad y quién sabe de qué más. El futuro para ellos, al menos el inmediato, es fácil de predecir: ingresarán a una escuela del crimen y ojalá no obtengan el certificado.
Pensarán que soy extremista, quizá, pero lo que digo es cierto. En el país ni las leyes, ni los centros de rehabilitación son adecuados cuando se habla de menores de edad. Tampoco es correcta la actitud pasiva que el Estado, la familia, las y los maestros y todos hemos adoptado antes situaciones como esta.
El bullying no es nada nuevo, el nombre tal vez. Desde que tengo memoria han existido niños y niñas victimarios y por supuesto víctimas. Claro que lo ocurrido a Carlos Sosa en Huehuetenango se sale del acoso cotidiano a veces físico, a veces psicológico que viven seguramente cientos si no miles de infantes en el país.
Por eso me molesta la actitud de las autoridades del Ministerio de Educación al negar que este niño era víctima de acoso, todos sabemos que la violencia va en aumento y una acción de esta magnitud es prueba de ello. Pero lavarse las manos no es la solución, como tampoco lo es que el Presidente prometa hacer pagar a los responsables.
Es momento de reflexionar sobre lo que viven los niños, niñas y adolescentes en Guatemala. Suicidios, pandillas, drogas, bullying y tomar con seriedad y responsabilidad acciones para evitar situaciones como esta.
Viene a mi mente la frase aquella de los niños no lloran, y así adiós a la comunicación entre padres y niños varones. “Si venís golpeado te voy a castigar por dejarte”, dicen algunos padres como lección de hombría.
Promovemos la cultura de violencia, hay que recordar el eslogan del Gobierno de turno. Y así mano dura, sin llanto y pegando primero para pegar dos veces enfrentamos al mundo a seres indefensos que por no llorar mueren o por dar con fuerza van a una correccional.
Y luego, nos indignamos, hablamos de eso, algunos, a otros lo que tenga que ver con niños ni les va ni les viene y luego continuamos atentos al partido del Barsa o al nacionalismo o no de Arjona.