Buen momento para la reflexión


Estamos entrando a una etapa del año en la que fuera del comercio, el resto de la actividad nacional se resiente por la proximidad de las fiestas y en el campo de la administración pública es evidente que disminuye el ritmo, situación que ocurre cuando empieza el último mes del primer año de función del ingeniero Colom y su equipo en la conducción de los asuntos de Estado, por lo que vale la pena recomendarles un esfuerzo de reflexión para evaluar de la forma más objetiva posible lo ocurrido en este perí­odo.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

El gran problema de quienes ejercen el poder es que se autoconvencen de que toda crí­tica es mal intencionada y que los ciudadanos de la calle, especialmente los que opinan en los medios de comunicación, no entienden ni jota de lo que es el ejercicio del poder. Rápido se olvidan de la perspectiva que ellos mismos tení­an de cómo operan nuestros gobiernos porque el embrujo del despacho presidencial o de la poltrona ministerial hace que las personas se transformen al punto de no recordar en absoluto las claras ideas que tení­an cuando juzgaban el comportamiento de los funcionarios.

Influye, desde luego, la red de lambiscones que existe en todos los gobiernos, pero por sobre todas las cosas, al llegar al poder se sienten iluminados de una manera tal que no es compatible con las percepciones que tiene el ciudadano común y corriente, ese mismo que según ellos no es capaz de entender los vericuetos de la administración pública. Rara vez en el cí­rculo de los más allegados a un gobernante se escucha la voz honesta de alguien que dice lo que piensa sin que quiera quedar bien y, cuando ocurre algo así­, es como si un hereje hablara en la misma recámara del Papa. De inmediato es marginado y no se le vuelve a tomar en cuenta por el carácter disonante de sus intervenciones.

Pero en lo más í­ntimo de su fuero interno, nuestros gobernantes entienden qué es lo que están haciendo bien y qué es lo que hacen mal, por lo que no me canso de sugerirles que hagan una profunda y honesta reflexión, que no necesariamente tienen que compartir con la población ni siquiera con sus colaboradores, pero que les permita hacer ajustes y corregir el rumbo en cuestiones que no marchan adecuadamente.

Creo que uno de los problemas que está enfrentando el presidente Colom es, básicamente, que se encuentra demasiado atrapado por la coyuntura como para dedicar tiempo y pensamiento a las grandes transformaciones que requiere la sociedad guatemalteca y me lo evidencia el hecho de que Cohesión Social se está quedando en un programa de corto plazo que no apunta más allá del beneficio que puede significar un aporte estatal que tarde o temprano será borrado. Creo que ese aporte es bueno y necesario por las condiciones extremas de pobreza que hay en el paí­s, pero que debe ser apenas un puente para asistir a la población en tanto se hacen las cosas más grandes, las que realmente pretenden transformaciones estructurales y eso es algo que no veo en el horizonte.

Cada ataque al Programa de Cohesión Social hace al Presidente más radical en el enfoque de ese instrumento que, repito, tiene que verse como un esfuerzo urgente y necesario para enfrentar la pobreza, pero no como la solución a las condiciones que presenta nuestra sociedad que son generadoras de pobreza, marginación y exclusión.