Brutal femicidio podrí­a quedar en la impunidad


La tarde del 27 de octubre pasado, Francisco Chocoj ingresó a un hotel ubicado en la zona 5. Una hora y 20 minutos después, el portero encontró el suelo y las paredes con manchas de sangre y la tina teñida de rojo.

Francisco Chocoj enfrenta un proceso penal por el asesinato de una mujer indí­gena cuyo cadáver fue encontrado en la habitación de un hotel con claros indicios de brutalidad y misoginia; sin embargo, el caso podrí­a quedar impune si el único testigo del hecho no presenta su contundente testimonio.

Gerson Ortiz
gortiz@lahora.com.gt

En octubre último, el Ministerio Público (MP) acudió al levantamiento de un cadáver en la habitación de un hotel de la zona 5 capitalina; los fiscales quedaron atónitos ante la obscenidad de la escena del crimen, pues se trataba de una mujer que fue brutalmente asesinada horas antes.

El cadáver de la ví­ctima yací­a debajo de la cama. La mujer, de 24 años, fue decapitada, pero el victimario no sació su brutalidad con ello y le cercenó las manos. Al inspeccionar el cuerpo de la fémina, los fiscales encontraron que la escena también presentaba mutilación genital.

Un mes después, las pesquisas iniciadas por la Fiscalí­a de Delitos contra la Vida del MP dieron con la captura de Chocoj, quien permanece en absoluto silencio desde que fue aprehendido en la zona 1 capitalina.

Sin embargo, la captura del presunto asesino no se dio más que por la imperfección absoluta del crimen, pues el sindicado entró a plena luz del dí­a al hotel y bajo la mirada plena del personero del hotel, quien lo atendió y le ofreció el servicio de la habitación.

A criterio de analistas consultadas, el crimen -supuestamente ejecutado por Chocoj- tiene todas las caracterí­sticas de ser un hecho encuadrado en la Ley contra el Femicidio y otras formas de violencia contra la mujer, por lo que esperan que ésta se aplique con todo su peso.

A PLENA LUZ

El 27 de octubre pasado, Francisco Chocoj ingresó a eso de las cuatro y media de la tarde a un hotel ubicado en la zona 5; lo atendió una persona quien le prestó el servicio de la habitación. El testigo narró que su cliente de ese momento llevaba consigo un morral.

Chocoj le dijo al personero del hotel que le diera la última de las habitaciones del mismo y le indicó que en media hora llegarí­a una mujer a preguntar por él; por eso le pidió que apuntara su nombre y que la hiciera pasar cuanto antes.

Así­ fue. Unos veinte minutos después llegó una joven al inmueble y preguntó por Chocoj. El personero del hotel constató que se trataba de la persona que su cliente le indicó y le mostró la habitación número 15, la última del pasillo del lado derecho. La mujer no lo pensó dos veces y entró al cuarto.

Una hora más tarde, Chocoj salió de la habitación. Se despidió del portero y le indicó que la mujer que lo habí­a llegado a buscar se estaba bañando y que saldrí­a en breves minutos. En todo momento el entonces cliente de ese hotel no hizo ningún intento de cubrirse el rostro u ocultar su identidad.

Cuando transcurrieron más de treinta minutos y la fémina no habí­a abandonado la habitación, el portero decidió ir hacia ella para saber si todo estaba en orden. Cuando llegó, la puerta con el número 15 estaba entreabierta. Un brutal crimen habí­a acabado con la vida de la mujer.

El portero tocó levemente y nadie respondió, entonces decidió entrar y encontró la habitación en perfecto orden. Todo estaba en su lugar: la cama estaba arreglada y las toallas sin usar. Su impresión llegó cuando entró al baño y encontró el suelo y las paredes con manchas de sangre y la tina teñida de rojo. Sin embargo, no habí­a ningún cadáver. Confundido, el personero del hotel dio aviso a la Policí­a Nacional Civil.

EL CADíVER

Los agentes policí­acos cercaron el lugar e inspeccionaron. Revisaron el baño y el armario para encontrar el cuerpo de la ví­ctima pero no habí­a nada, sólo los grandes charcos de sangre que inundaban el baño de la habitación. Minutos después, un agente de seguridad encontró el cadáver de la mujer debajo de la cama; entonces dieron aviso al MP.

Para cuando llegaron los fiscales ya habí­a anochecido y decenas de personas fuera del hotel intentaban averiguar lo que ocurrí­a. Los especialistas en criminalí­stica inspeccionaron la habitación, recogieron evidencia y procedieron a sacar el cuerpo de la ví­ctima. Jamás imaginaron lo que encontrarí­an: una mujer decapitada y además, con ambas manos cercenadas.

Pero la brutalidad del crimen no quedó ahí­. El término forense para calificar lo que le ocurrió a la ví­ctima fue «mutilación genital», la cual presumiblemente se realizó con un machete o cuchillo.

Terminadas las pesquisas primarias, el único testigo del hecho colaboró con los investigadores para realizar una fotografí­a robot del principal sospechoso, lo que dí­as después concluyó con su captura. Sin embargo, su testimonio en el proceso es ahora más valioso. Pero, ¿por qué un criminal con esas caracterí­sticas entrarí­a a plena luz del dí­a a un hotel sin importarle ser reconocido por el propietario?

SOCIOPATíA

Norma Cruz, directora de la Fundación Sobrevivientes, considera que la actitud del victimario demuestra «prepotencia y sociopatí­a».

«Si un criminal, a plena luz del dí­a y delante de quien sea demuestra su intención de agredir a cualquier mujer, presenta un claro cuadro de sociopatí­a y misógino, por lo que se le debieran imponer penas máximas por el alto riesgo que representan para la sociedad», considera Cruz.

La analista define el perfil psicológico y de personalidad del criminal: «Con su actitud quiere que todos lo vean, es una persona egocéntrica que busca que se «admire» su crimen, sin duda se trata de una persona antisocial».

Hilda Morales, representante de la Red de la No Violencia contra la Mujer, opina que en el paí­s es preciso lanzar un «grito de alerta» y considera que el Estado no debe ser indiferente a este tipo de crí­menes, ya que demuestran la absoluta descomposición de la sociedad y el desprecio por la vida de las mujeres.

«Este caso cabe justo en las figuras que establece la Ley especí­fica para sancionar la violencia contra la mujer no sólo porque se acompaña de la saña y la premeditación del crimen, sino por el grado extremo de misoginia que existe», considera Morales.

La entrevistada añade que «en Guatemala se cree que la mutilación genital sucede sólo en paí­ses musulmanes cuando en el paí­s hay casos concretos de ese hecho agravante».

En consecuencia, la activista hizo un llamado al MP para que profundice en las investigaciones del caso y a los jueces para que sancionen esos hechos como es necesario.

Morales opinó además, que el Estado debe dar respaldo a campañas de concientización para que las mujeres no desistan de denunciar la violencia cotidiana que sufren, y prevenir con ello ese tipo de violencia extrema; también cree importante que el llamado llegue hasta las iglesias y escuelas, para que se incluya el estudio del derecho humano de las mujeres a vivir sin violencia.

AMENAZAS E IMPUNIDAD

Luego que el personero del hotel hiciera una fotografí­a robot del sospechoso, los padres de la ví­ctima dijeron que tení­a los rasgos de Chocoj, quien durante años fue una persona cercana a la familia de la joven y quien meses atrás «la estaba enamorando».

La familia de la ví­ctima tení­a una fotografí­a suya y de inmediato la llevaron a la Fiscalí­a; posteriormente el portero del hotel reconoció al victimario y el MP solicitó su aprehensión.

Chocoj trabajaba como policí­a en una empresa de seguridad privada y se le capturó unos treinta dí­as después del crimen, en su lugar de trabajo; de ahí­ fue conducido al Juzgado Segundo de Primera Instancia Penal, donde se abstuvo de declarar y quedó ligado a proceso por el delito de «femicidio».

No pasaron muchos dí­as para que el único testigo de la Fiscalí­a empezara a ser objeto de amenazas de muerte e intimidaciones en su lugar de trabajo. Una serie de llamadas telefónicas le advirtieron que si no se iba del paí­s, él y su familia iban a ser eliminados fí­sicamente.

La fiscalí­a solicitó la declaración en calidad de anticipo de prueba del testigo, sin embargo el engorroso trámite impidió que este la prestara, pues abandonó el paí­s dí­as antes de la diligencia.

PERSPECTIVAS

La entrevistada por la Red de la No Violencia Contra la Mujer considera que debe ser una polí­tica el que los jueces deban agilizar el trámite de la prueba anticipada en la etapa primaria de la investigación

«El MP debe fortalecer el sistema de protección a testigos y resguardar a los testigos de este tipo de casos cuya impunidad es muy grave socialmente», considera.

Por su parte, Cruz, de la Fundación Sobrevivientes, considera que no es responsabilidad del MP ya que esa instancia no puede mantener protegidos a los testigos que no lo aceptan.

«Creo que eso ya queda a conciencia de los señores jueces porque si tienen todos los antecedentes que les permitan, por lógica elemental, vincularlo en el hecho, ellos no pueden declarar el sobreseimiento porque serí­a lavarse las manos como Poncio Pilato», opinó Cruz.

SIN TESTIGO

Sin la declaración del testigo clave, que abandonó el paí­s debido a las amenazas de muerte, el caso tiene el riesgo latente de «caerse» y el brutal asesinato de quedar en la impunidad, y pasar como una muerte más en las cifras de violencia que crecen cada dí­a.

Diario La Hora intentó contactar a la titular de la Fiscalí­a de Delitos contra la Vida, que investiga el caso, sin embargo la fiscal Blanca Cojulum no respondió a las llamadas telefónicas efectuadas a su celular. Josué Rivas, jefe de la Unidad de Protección a Testigos del MP, tampoco atendió.

Mario Polanco, analista del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), indicó que existen serias debilidades en el Programa de Protección a testigos, las cuales hacen que en los casos arriba citados no se cuente con un testimonio que pueda vincular a los acusados con los hechos.

A criterio de Polanco, el programa funciona con muy pocos recursos y no de manera tan confidencial. «Esa es una institución penetrada por la delincuencia y eso no se encuadra dentro de una entidad que deberí­a ser cien por cien efectiva para no vulnerar la integridad de las personas», indicó.

Polanco agregó que en varios casos, los testigos terminan pagando un precio muy caro por asumir un compromiso con la verdad y la justicia; y que con ello el MP desestimula a otros a dar su testimonio en otro tipo hechos.

Polanco lamentó que el caso antes presentado quede en la impunidad y consideró que la Fiscalí­a deberá sustentar su acusación con pruebas cientí­ficas.

MUJERES MUERTES


Según estadí­sticas de organizaciones sociales, en 2009 se produjeron 847 muertes violentas de mujeres en Guatemala y se reportaron más de 4 mil 300 casos de violencia sexual asistidos por los servicios forenses.

Según la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, la impunidad alcanza al 96 por ciento de los homicidios que se cometen en el paí­s.

Guatemala es el segundo paí­s de la región, después de México, con la tasa más alta de violencia contra las mujeres.

INFORME SECUENCIA DEL CRIMEN


16:30 – 27/10/2009

Francisco Chocoj ingresó a un hotel ubicado en la zona 5; lo atendió una persona quien le prestó el servicio de la habitación. El testigo narró que su cliente de ese momento llevaba consigo un morral.

16:50 – 27/10/2009

Después llegó una joven al inmueble y preguntó por Chocoj. El personero del hotel constató que se trataba de la persona que su cliente le indicó y le mostró la habitación número 15, la última del pasillo del lado derecho. La mujer no lo pensó dos veces y entró al cuarto.

17:50 – 27/10/2009

El cadáver de la ví­ctima yací­a debajo de la cama. La mujer, de 24 años, fue decapitada, pero el victimario no sació su brutalidad con ello y le cercenó las manos. Al inspeccionar el cuerpo de la fémina, los fiscales encontraron que la escena también presentaba mutilación genital.