Brindarán en Cumbre apoyo a la reelección de D. Barroso


FOTO LA HORA: JOHN THYS

El ministro israelí­ de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, y el presidente  del consejo de la Unión Europea, Jan Kohout, expresaron su respaldo polí­tico en la UE.» title=»FOTO LA HORA: JOHN THYS

El ministro israelí­ de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, y el presidente  del consejo de la Unión Europea, Jan Kohout, expresaron su respaldo polí­tico en la UE.» style=»float: left;» width=»250″ height=»145″ /></p>
<p>El candidato a la reelección al frente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, deberá contentarse con arrancar un apoyo de principios en la Cumbre de lí­deres de la UE de esta semana en Bruselas, por la exigencia de Francia y Alemania de que presente un programa.</p>
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Pese a ello, la renovación del mandato del conservador Durao Barroso, único candidato a la Presidencia del ejecutivo de la Unión Europea (UE), parece sólo cuestión de tiempo y calendario.

La mayorí­a de los dirigentes europeos le brindaron públicamente su respaldo, tanto conservadores como el presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodrí­guez Zapatero, o el primer ministro británico, el laborista Gordon Brown.

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, tampoco pusieron trabas al asegurar la semana pasada que apoyarán la reelección del portugués «sin ambigí¼edades».

Pero ambos lí­deres subrayaron que durante la cumbre del jueves y el viernes en Bruselas únicamente le concederán un respaldo polí­tico, es decir, que no habrá un nombramiento formal ni jurí­dicamente vinculante esta semana.

Francia y Alemania pretenden mantener así­ la presión sobre Durao Barroso para que presente un verdadero «programa» de cara al próximo mandato de cinco años, y poner en manos del Parlamento Europeo su nombramiento definitivo.

El Europarlamento tendrí­a la opción de votar su reelección en la sesión inaugural de la nueva legislatura de mediados de julio o esperar los resultados del nuevo referéndum irlandés sobre el tratado de Lisboa, previsiblemente entre septiembre y octubre.

A partir de aquí­, quedarí­a expuesto el complejo funcionamiento institucional y polí­tico de la Unión Europea.

Si fracasara el referéndum irlandés, el bloque seguirí­a regido por el actual tratado de Niza, obligando al menos a un paí­s miembro a renunciar a «su» comisario en Bruselas. Actualmente, los 27 paí­ses miembros de la UE cuentan cada uno con un representante en la Comisión Europea.

Con este escenario, nombrar a Durao Barroso desde ahora darí­a a Portugal la ventaja de mantener al suyo, subrayan los diplomáticos.

Parí­s y Berlí­n y muchos eurodiputados prefieren por lo tanto esperar a la consulta irlandesa para nombrar a Durao Barroso. Su postura, según estos diplomáticos, tiene todos los números para imponerse a la voluntad de otros paí­ses como Suecia, Finlandia y Polonia, partidarios de una reelección rápida.

Para convencer a los irlandeses de votar «sí­» al tratado de Lisboa, después de su rechazo en junio de 2008, los dirigentes de la UE acordarán el jueves las «garantí­as» prometidas a Dublí­n para facilitar una segunda consulta.

Los irlandeses reclaman que el tratado no ponga en peligro la neutralidad militar del paí­s, su autonomí­a fiscal o la prohibición del aborto, pero sobre todo que se mantenga un comisario europeo por paí­s.

Los representantes de los 27 paí­ses de la UE esperaban llegar a un acuerdo en este sentido este martes, de forma que los jefes de Estado y de gobierno sólo tengan que aprobarlo durante la cumbre.

Entonces, el primer ministro irlandés, Brian Cowen, podrí­a anunciar durante la cumbre la fecha del referéndum sobre el tratado de Lisboa, llamado a mejorar el funcionamiento de la Unión Europea ampliada a 27 miembros.

PERFIL Un pragmático sin contrincantes


El portugués José Manuel Durao Barroso hará realidad su ambición de obtener un segundo mandato al frente de la Comisión Europea, pero su éxito se debe más a un pragmatismo llevado al extremo que a una gran concepción de lo que debe ser Europa.

Durante su mandato de cinco años, «ha sido un presidente competente, de consenso, un buen comunicador, pero no un dirigente particularmente visionario o dinámico», afirmó recientemente el diario británico Financial Times, en un artí­culo no obstante menos crí­tico con el portugués que otros grandes periódicos europeos.

A sus 53 años, Durao Barroso se ha convertido en un experto del arte de evitar conflictos.

El jefe de fila de los Verdes en el Parlamento Europeo, Daniel Cohn-Bendit, lo tilda de «camaleón»: un presidente que «cambia de opinión como de camisa», prisionero de los intereses contradictorios de los grandes Estados miembros de la Unión Europea (UE), contentado con una Europa de mí­nimos.

Este polí­glota, padre de tres hijos, ha cambiado varias veces de rumbo profesional.

Miembro de un movimiento maoí­sta durante la revolución de los Claveles en Portugal a fines de los años 1970, ingresó en la década siguiente en el Partido Socialdemócrata (centro-derecha).

Tras varios puestos en el gobierno, en 2002 accedió al cargo de primer ministro, que ocupó durante dos años, antes de provocar la sorpresa general y partir a Bruselas para asumir la presidencia de la Comisión Europea.

Fue el entonces primer ministro británico Tony Blair quien aupó la candidatura de este atlantista convencido, que unos meses antes habí­a hecho de anfitrión de la cumbre de las Azores, donde arrancó la cuenta atrás para la invasión estadounidense de Irak.

Durao Barroso debutó en Bruselas con un programa abiertamente liberal, defendiendo la liberalización de los servicios y erigiéndose artí­fice de una Comisión más modesta con el lema «legislar menos y mejor».

Pero la crisis institucional abierta por el rechazo a la Constitución Europea en 2005 le llevó a virar hacia un discurso más social, que la debacle financiera mundial acabó de consagrar.

Presionado por Francia y Alemania, trató de hacer de la regulación de los mercados su caballo de batalla, sin lograr satisfacer a sus detractores, que le acusan de no querer airar a nadie para ser reelegido.

«La Comisión tiene tanto miedo ahora de los Estados miembros… Y como cada uno sólo piensa en su reelección sólo contamos con propuestas que no están a la altura», denunció recientemente un alto responsable del gobierno francés en asuntos europeos, Jean-Pierre Jouyet.

Durao Barroso se estima ví­ctima de ataques «dogmáticos» y defiende que la Comisión «hace todo lo posible con los instrumentos de los que dispone», admitiendo que sólo se atreve con propuestas con muchas posibilidades de ser aceptadas por los Estados miembros.

El portugués reivindica además una buena gestión en la lucha contra el cambio climático, felicitándose de la adopción de un ambicioso paquete de objetivos europeos para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) pese a la crisis económica.

Pero sus adversarios continúan viéndolo como un último recurso, que contenta a los gobiernos preocupados en no encontrar grandes obstáculos en Bruselas.

«Durao Barroso es tan débil que será recompensado con otro mandato», ironizó a fines de 2008 el ex jefe de la diplomacia alemana Joschka Fischer.