En un espacio un poco menor de dos páginas, en la edición de La Hora del pasado miércoles desfilaron ante mis ojos las resumidas historias de tres hombres de distintas latitudes del mundo, uno de los cuales ya tiene ganado un merecido lugar en la historia, el otro lucha por abrir una pequeña brecha de libertad en su país y el tercero ha sido condenado a prisión por los crímenes que cometió contra sus compatriotas.
Me refiero, en primerísimo lugar al admirado Nelson Mandela, ejemplo de patriotismo, perseverancia, reconciliación, generosidad y otras virtudes más, quien justamente el 11 de este mes cumplió el vigésimo aniversario de haber recuperado su libertad, después de permanecer en prisión durante 27 años, convirtiéndose así en el héroe de la lucha contra el apartheid, la  política de segregación racial impuesta en Sudáfrica  por la minoría de raza blanca.
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Liberado el 11 de febrero de 1990 por la debilidad del gobierno fascista que agonizaba ante la masiva protesta del pueblo sudafricano y la presión internacional, Mandela se convirtió cuatro años más tarde en el primer presidente negro de Sudáfrica, cargo que entregó a su sucesor, también elegido en elecciones libres, sin haber pretendido aferrarse al poder, sino que, una vez cumplida su misión, se retiró a la vida privada. Singular ejemplo de humildad, sensatez y dignidad.
  Nacido el 18 de julio de 1918, Mandela no buscó la venganza, sino que optó por la vía del perdón y se comprometió con la democracia, desde el día en que traspasó las puertas de la prisión, a sabiendas que su propia libertad anunciaba que había llegado la hora de la libertad para todos los sudafricanos, negros y blancos por igual.
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Esas mismas ansias de libertad anidan en las venas y el pensamiento de Liu Xiaobo, el valiente líder disidente chino, que a sus 54 años de vida nuevamente fue condenado a prisión por el régimen totalitario de la República Popular China. Este destacado intelectual, uno de los autores de la «Carta 08», que reclama por una China democrática, fue condenado a once años de cárcel por un tribunal de Beijing bajo el cargo de «subvertir el poder del Estado».
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Liu es un escritor y ex profesor universitario que ya ha purgado penas de prisión, por haber militado en el movimiento político chino que en junio de 1989 culminó con la masiva y cruel represión de la plaza Tianamen, que causó la muerte y el encarcelamiento de miles de sus compatriotas. Nuevamente está privado de su libertad, pero con la certeza de no haber perdido su esperanza.
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Finalmente, al ex dictador paraguayo Juan María Bordaberry le alcanzó el brazo de la justicia, porque fue condenado a 30 años de prisión, pero no por motivos similares al héroe Mandela y al disidente Liu, precisamente, sino todo lo contrario, puesto que la sentencia es consecuencia de un proceso judicial por 9 delitos de desaparición forzada, dos de homicidio «muy especialmente agravados» y uno de atentado a la Constitución de su país.
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De esa cuenta, el político que en 1972 asumió la Presidencia de Paraguay en elecciones amañadas y que un año después recurrió a las fuerzas armadas para disolver el parlamento e instaurar una férrea dictadura, ahora es prisionero de sus propias aberraciones.
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Tres hombres en tres países. Un héroe de la libertad, un actual luchador por la democracia y un dictador latinoamericano.
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(El sociólogo Romualdo Tishudo, al respecto de Mandela y Bordaberry, cita este pensamiento de Confucio: -Paga el bien con el bien, y el mal con la justicia).