Brasil enfrenta escasez de gas natural y podría tener que racionarlo al público en los próximos meses, a menos que llueva bastante para elevar el nivel de las represas hidroeléctricas, admitió hoy el gobierno.
La luz de alerta la encendió el estatal Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS) que hoy mismo abrió un período de consultas públicas que durará hasta el 9 de diciembre para decidir si tiene que elevar el nivel de seguridad de los reservorios de agua.
Ese nivel en la presas hidroeléctricas es hoy de 50 por ciento, pero el ONS propone elevarlo hasta 61 por ciento, a partir de enero entrante, lo que obligaría a trabajar cerca del máximo las térmicas hoy usadas en sólo 40 por ciento de su capacidad.
En ese caso habrá menos gas para la industria, el comercio y los automóviles.
«No estamos nadando en abundancia de gas natural. Todas las autoridades tienen que ser cautelosas cuando incentivan la demanda de gas», dijo hoy en una conferencia el presidente de la reguladora Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel), Jerson Kelman.
«Una cosa es mantener los derechos de aquellos que ya consumen gas natural y otra cosa es incentivar nuevos consumidores. Eso tiene que ser visto con una óptica nacional», advirtió.
El problema principal lo enfrentarán los dueños de 700.000 autos adaptados a gas natural como resultado de una campaña promovida por el gobierno y la petrolera estatal Petrobras en los últimos años.
También serán afectadas una serie de industrias pesadas, desde cementeras hasta fabricantes de cerámica y automóviles, que encontraron en ese combustible una fuente más barata de energía.
La escasez también obligará a aumentar en hasta 20 por ciento los precios del combustible en el mercado comercial y residencial, admitió el gobierno esta semana.
La Aneel se defiende argumentando que los cálculos de la ONS consideran la peor situación meteorológica de los últimos 70 años.
«Pero en caso de que llueva lo suficiente, entre este diciembre y mayo del próximo año para elevar todavía más el nivel de los reservorios, puede ser que no sea necesario encender las térmicas», dijo Kelman.
Más del 50 por ciento del gas que llega al mercado de Brasil y al 70 por ciento del estado de Sao Paulo – motor de la economía brasileña- es importado de Bolivia, a través de un gasoducto con capacidad de 30 millones de metros cúbicos por día que está en el límite.
Según el privado Instituto Acende Brasil, el consumo del combustible creció en los últimos años a una tasa de 18,0 por ciento anual, sin que aumentara la producción interna, y mientras la oferta firme de generación de electricidad fue reducida en 12 por ciento.
Las advertencias han revivido el fantasma del racionamiento eléctrico que entre 2001 y la primera mitad de 2002, estancó el crecimiento de la economía en varios años.
El «apagón» fue causado por una intensa sequía que bajó las represas y el país no contaba con un «plan B» para no depender del cielo. Después el gobierno promovió la expansión de las térmicas y lanzó proyectos para construir nuevas represas, tendidos de alta tensión y aumentar la capacidad de generación y distribución.
Pero muchos de estos planes se han atrasado, en parte porque las licencias del estatal Instituto Brasileño del Medio Ambiente (Ibama) demoran mucho en medio de un laberinto burocrático y escasez de técnicos y analistas.
Lo cierto es que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva está bajo presión de quienes le critican el retraso en desarrollar esos proyectos y califican la escasez de gas como «un pre racionamiento eléctrico».
En su nuevo escenario el ONS calcula que Brasil dejó de importar 2.200 megavatios (MW) de Argentina a causa de los propios problemas energéticos de ese país. También hay menos gas para abastecer las térmicas nacionales.
Hoy la patronal Abegas, que reúne a las empresas distribuidoras de gas en tuberías para consumo final afirmó que «la única alternativa viable» para evitar nuevos racionamientos del combustible -como uno ocurrido en octubre pasado- es usar residuales del petróleo para generar la electricidad adicional.
«O el gobierno usa gasóleo en las térmicas o tendremos nuevos problemas sociales», advirtió su presidente, Armando Laudorio, en una conferencia en Río de Janeiro promovida por la Cámara Británica de Comercio.
El balance eléctrico de Brasil preocupa a inversionistas nacionales y extranjeros, en momentos en que el país promueve un ciclo de nuevas inversiones públicas y privadas que debe llegar a unos 600.000 millones de dólares en cuatro años.
Pero el propio Lula, ha garantizado que no faltará electricidad en Brasil y Petrobras afirma que sus nuevos proyectos llegarán a tiempo para ampliar la oferta de gas natural en un mercado críticamente equilibrado y sin excedentes.
Justamente hoy Petrobras dijo que recibió la licencia del gobierno del estado de Río para instalar allí un nuevo terminal para Gas Natural Licuado (GLN), con capacidad para procesar 20 millones de metros cúbicos por día y que «será concluido en mayo de 2008».