Llegar a ser entrenador o dar clases de boxeo nacional son las máximas aspiraciones de José Antonio Rosales, quien en su época brilló para el deporte de las narices chatas y orejas de coliflor, pero que ahora no encuentra un empleo para lograr el sustento diario.
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A sus 63 años, Rosales ha sido olvidado como una de las leyendas del boxeo guatemalteco y hoy por hoy pasa desapercibido en la 15 calle «A» y 9ª. avenida de la zona 1, donde se dedica a cuidar y lavar vehículos.
A los 20 comenzó a incursionar en este deporte y entre sus mayores logros se cuenta el subcampeonato del Torneo Nacional Guantes de Oro en 1959 y los primeros lugares de peleas regionales del Palacio de los Deportes.
Al rememorar su época profesional, Rosales recuerda con nostalgia el momento en que peleó con «el Pajarito» Sagastume, «fue una batalla dura, difícil, porque él era uno de los mimados del Palacio de los Deportes», anotó el pugilista.
«Inicié mi carrera, apasionado. Lo miraba en los periódicos. Llegué a la Ciudad Olímpica a solicitar las bases de inscripción allá por 1957 y desde entonces lo empecé a practicar todos los días», contó el ex boxeador.
«Hice mi debut con Víctor Ramírez en 1965. Perdí en esa ocasión porque mi preparación era escasa, no estaba bien entrenado». «Admiro al mexicano Julio César Chávez, por su capacidad y habilidad en el manejo de cada pelea».
«Desearía dar clases o servir de entrenador, porque me formé a base de puro golpe. Si alguien desea contactarme lo puede hacer en la 10ª. avenida 14-57, de la zona 1», solicitó.