Desde hace algunos meses se empezó a maquinar la idea por parte del Gobierno para poder afianzarse de fondos y capitalizarse, ante la súbita caída de las remesas y la baja recaudación fiscal. La mayoría de la población entiende que el presupuesto para este año aprobado por el Congreso de la República debió de haber sido menor que el de años anteriores -precisamente porque se preveía la situación actual debido a la crisis mundial-, sin embargo fue aprobado insensatamente en un monto mayor.
La bancada oficial buscará afanosamente aprobar la emisión de bonos para conseguir e «invertir» en desarrollar proyectos de inversión social, tal como estaba contemplado si la recaudación hubiera sido la esperada. Ahora bien, cuando cualquier persona o entidad -y esto también aplica para cualquier Estado- enfrenta problemas en sus finanzas lo lógico es apretarse el cinturón y gastar lo menos posible, no digamos tratar de aprovechar cualquier recurso que ya se tiene, o alguno extra que pudiera entrar.
No pareciera ser está la mentalidad del actual gobierno, la decisión de suspender las relaciones comerciales con Honduras como medida de presión por la situación que se está viviendo en ese país, fue una pésima decisión que trajo consecuencias económicas a nuestro país en tan sólo cuarenta y ocho horas; lo más sorprendente de todo es que cuando el sector empresarial guatemalteco replicó por la decisión tomada por el gobierno, nuestro brillante Vicepresidente salió a «defender» lo indefendible justificando que las pérdidas económicas eran tan sólo de dos milloncitos.
No recuerdo bien cuándo se empezó en Guatemala a poner de moda el endeudamiento del país a través de la emisión de bonos -creo que fue en el gobierno de Portillo, si mal no recuerdo-, pero sea como sea tampoco recuerdo ningún logro o beneficio que haya sido a favor del pueblo. ¡Realmente no lo recuerdo!
No creo en los Bonos del Tesoro, y tampoco creo que vayan a ser bien invertidos. Recuerdo bien que hace unos dos años mi catedrático de economía explicaba en clase la distribución del presupuesto nacional. í‰l decía que el sesenta y cinco por ciento del presupuesto nacional servía para pagar los sueldos de todos los funcionarios y empleados de todas las instituciones del Estado de Guatemala; explicaba también que el otro veinte por ciento servía para pagar la deuda externa, y que tan sólo un quince por ciento se utilizaba para inversión social, desarrollo, y proyectos en beneficio de la población. Lo que se le olvidó tomar en cuenta al catedrático que menciono es que de ese quince por ciento destinado para carreteras, escuelas, hospitales y seguridad había que restar también el porcentaje que se embolsan los funcionarios públicos. Si lo que el catedrático decía es cierto, echemos pluma y seguro vamos a alarmarnos.
El Estado no debe ser considerado una fuente de empleo perenne, y debe reducir su personal, pero me da mucha tristeza el caso de cientos de maestras que llevan más de ocho meses trabajando, sin que hayan percibido durante este tiempo su salario; que tal si el Vicepresidente pone de su bolsa esos dos milloncitos que dice él que fue lo poco que perdió nuestro país por la estúpida decisión de suspender relaciones comerciales con Honduras. No cabe duda que no sólo de futbol tenemos mucho que aprender de los ticos.