Bombillas revolucionarias


Un hombre utiliza una camiseta de la

Duran más, contaminan menos, no atraen a los mosquitos, bajan la factura de electricidad y además son chavistas: más de 70 millones de bombillas ahorradoras fueron instaladas desde 2006 por el gobierno venezolano en este proyecto llamado «Revolución energética», heredado de Cuba.


Douglas ílvarez conoce de memoria las virtudes de esta forma de ahorro de energí­a. Desde hace año y medio y de forma voluntaria este joven recorre las barriadas de Caracas cargando al hombro una enorme mochila roja llena de bombillas de bajo consumo.

«Hay personas que no las quieren porque en los primeros meses del programa participaron cubanos y pensaban que en la bombilla habí­a una cámara escondida y todo lo que se decí­a iba a escucharse en La Habana», explica, mientras sube las calles de la barriada de Sarrí­a acompañado de otros «brigadistas» de la Revolución Energética.

Isabel Afonzo abre sin dudar las puertas de su vivienda y deja entrar al grupo de muchachos que cambia rápidamente dos bombillas que ya se fundieron.

«Esto no es polí­tica, pero finalmente en Venezuela todo se mezcla. Yo estoy con Hugo Chávez, cambio mis bombillas y digo «que viva el presidente»», lanza.

Desde hace meses, cuando cae la noche, la mayorí­a de las luces que iluminan Sarrí­a ya son de un tono blanco azulado. Es el color de las barriadas «chavistas», según los vecinos.

Cada dí­a se instalan 450 bombillas de bajo consumo en Caracas y 11.200 en toda Venezuela. El programa, que entró en su tercer año y está en manos de la nacionalizada Electricidad de Caracas, es responsable de un ahorro anual de 852 mil kilovatios (KW).

Aunque loable, esta racionalización del consumo de energí­a no deja de ser simbólica en un paí­s productor de petróleo y colapsado por el tráfico vehicular como Venezuela, donde la gasolina es la más barata del mundo y llenar el depósito de un automóvil cuesta un dólar.

Se calcula que en Caracas actualmente la demanda de energí­a supera en 500 mil KW la capacidad de generación, según datos de la Corporación Eléctrica Nacional.

«Instalar bombillos ahorradores es como poner a funcionar una turbina más. Es un problema de dignidad eléctrica, de honrar nuestros compromisos» con los ciudadanos, estima Ana Ramí­rez, responsable del proyecto.

El objetivo a largo plazo de Electricidad de Caracas serí­a fabricar estas bombillas en Venezuela, para que el ciudadano, que hoy las recibe gratis, pueda adquirirlas en el supermercado a un precio módico.

Las bombillas, que consumen un 80% de energí­a menos que las incandescentes y duran dos años, llevan la etiqueta «made in China» pero vienen de Cuba.

La entrega de esta mercancí­a corre a cargo de La Habana, quien también envió a decenas de orientadores en los primeros meses del programa, que forma parte de un acuerdo marco entre los dos paí­ses.

Nadie en Electricidad de Caracas sabe dar detalles sobre «el apoyo económico» que el gobierno venezolano entrega a cambio.

«En todas las comunidades hay gente que cree en los cambios, aunque no crea en la revolución socialista. Llega un momento en que se deja de lado la carga polí­tica y acepta la sustitución de bombillas», explica Ramí­rez.

Sin embargo, en las zonas acomodadas de Caracas, sólo un 30% de los habitantes ha accedido a cambiar sus bombillas amarillas por las blancas, según datos de Electricidad de Caracas.

«Hubo vecinos que dijeron no y luego recapacitaron. Yo por ejemplo pagaba 110 bolí­vares (51,1 USD) de electricidad y ahora no paso de 80 (37,2 USD)», explica Lourdes Landaeta, vecina de la barriada de Sarrí­a.

Venezuela acaba de exportar su «revolución energética» a Estados Unidos, donde a través de la firma Citgo, filial de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) va a suministrar medio millón de bombillas ahorradoras en hogares con bajos recursos.