Bolivia: Morales logra domar el potro de la oposición y consolida su poder


El presidente de Bolivia Evo Morales logró romper barreras para la aprobación de una nueva Constitución para el 2009. FOTO LA HORA AFP Evaristo Sa

A mediados de año la oposición regional impedí­a al presidente Evo Morales visitar cinco de los 9 departamentos de Bolivia. Pero el escenario cambió y el mandatario termina 2008 con todo el poder y listo a hacer aprobar el 25 de enero de 2009 una Constitución hecha a su medida.


El año 2008 quedará marcado como el de una pugna tenaz entre el gobierno de Morales y las autoridades de cinco departamentos, liderados por Santa Cruz y que suman el 60% del PIB del paí­s.

Ha sido un enfrentamiento encarnizado que en algún momento fue considerado por los analistas como un «empate catastrófico» y del cual el mandatario aymara salió finalmente fortalecido.

Y sin embargo el comienzo de año pareció favorable para la oposición regional: Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando -que concentran los mayores recursos gasí­feros, agroindustriales y madereros- realizaron entre mayo y junio referendos en favor de sus autonomí­as, en un claro desafí­o al gobierno que consideraba esas consultas secesionistas.

Con triunfos aplastantes del «Sí­» en favor de la autonomí­a y con el gobierno central maniobrando con dificultad, el Ejecutivo hizo una propuesta audaz que darí­a un vuelco a la situación: un referendo revocatorio en que tanto Morales como los gobernadores poní­an a consideración sus cargos.

A fines de julio y comienzo de agosto Morales viví­a una situación insólita para un jefe de Estado: no podí­a viajar a Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando y Chuquisaca, donde grupos cí­vicos se tomaban los aeropuertos a los que éste iba a llegar.

Hasta que llegó el referendo el 10 de agosto, que aunque ratificó a los gobernadores más recalcitrantes y tuvo varias sospechas de fraude, dejó al presidente como amplio ganador.

El 66% de apoyo que obtuvo se convirtió en un capital polí­tico tan importante que le permitió lanzar la ofensiva por su Constitución de corte estatal e indigenista, la misma tan condenada por los opositores.

Las protestas regionales en septiembre sobre este proyecto fueron violentas, con una veintena de muertes y una situación casi de guerra civil, pero quedaba claro que el gobierno central estaba en fuerza, y finalmente, tras un acuerdo en el Congreso, un referendo se realizará el próximo 25 de enero, y casi no existen dudas de que la Constitución de Evo será aprobada.

Con una oposición regional debilitada y una oposición polí­tica dividida y anémica, existen temores de que el gobierno entre -como ya ha dado signos- en gestos autoritarios para imponer su modelo socialista.

El vicepresidente, Alvaro Garcí­a Linera, «expresa en sus intervenciones una idea inequí­vocamente autoritaria sobre la teorí­a de que la construcción de hegemoní­a para lograr un cambio revolucionario es legí­tima», alerta el ex presidente Carlos Mesa.

«Ya escuchamos demasiadas veces ese canto de sirena y ya corrió demasiada sangre gracias a ello para que cedamos a esa tentación», agrega.

Otro temor tiene que ver con el tema económico: el gas -gravitante para Bolivia- tiene un déficit de inversión, lo que le impide aumentar su producción y por ello sus exportaciones, y además los precios internacionales se deprimen, al igual que los de minerales. Todo esto en el contexto de la crisis mundial.

Y si encima viene la inflación, el problema para el gobierno se puede tornar complejo.

Para el economista Teófilo Caballero el gobierno no se ha preparado adecuadamente para enfrentar la crisis global: «no se han visto polí­ticas de reactivación productivas que son las que afectan a la inflación», argumentó.

Según la analista polí­tica Ximena Costa, el escenario para 2009 será «bastante complicado» porque no se tomaron las previsiones necesarias en el momento de bonanza y de altos precios de los minerales e hidrocarburos.

Además Bolivia está ad portas de perder las preferencias arancelarias de Estados Unidos (este año Morales expulsó del paí­s a la DEA y al embajador norteamericano), una situación que podrí­a impactar de lleno en las pequeñas industrias que son base polí­tica del mandatario.

Morales quiere calmar el juego diciendo que lo que no se venda a Estados Unidos lo comprará la Venezuela de su gran aliado el presidente Hugo Chávez, pero como dijo con ironí­a un empresario, no se imagina cómo un paí­s tropical va a comprar la producción de suéteres de alpaca de Bolivia.

El 66% de apoyo que obtuvo se convirtió en un capital polí­tico tan importante que le permitió lanzar la ofensiva por su Constitución de corte estatal e indigenista, la misma tan condenada por los opositores.