El divorcio entre el exdefensa y la Federación francesa es total y se espera que deje el cargo tras la Euro. Su sustituto podría ser Wenger.
La selección francesa se está preparando para vivir un nuevo revuelo en torno a la figura de su entrenador. Si hace año y medio el protagonista fue Raymond Domenech, destituido tras sus malos resultados, esta vez le toca el turno a Laurent Blanc. El técnico podría decir adiós a les bleus después de la Eurocopa debido a la mala relación que tiene con la cúpula de la federación, según informa la Gazzetta dello Sport.
El diario italiano afirma que el divorcio entre Blanc y el presidente de la Federación francesa, Noel Le Graet, se comenzó a gestar cuando éste llegó al cargo el pasado 18 de junio y comprobó que el staff técnico del entrenador era enorme, además pagado a precios muy altos. La gota que colmó el vaso fue la exigencia de Blanc de renovar antes de la Eurocopa, encontrándose con la negativa del mandatario, que quiere comprobar el rendimiento del equipo antes de tomar cualquier decisión al respecto.
Por lo tanto, es de esperar que el ex defensa deje su cargo tras el torneo continental. Así que desde ya comienzan a salir a la palestra nombres de posibles destinos para Laurent Blanc y el que suena con más fuerza es el del Inter de Milán. El club lombardo no contará con Claudio Ranieri para la próxima campaña y el francés encaja en el perfil que busca Massimo Moratti para su equipo, es decir, un entrenador joven, con mano dura (recordemos que a Blanc no le tembló el pulso al dejar fuera de las primeras listas a varios de los jugadores que hicieron un mal papel en el Mundial) y con muchas ganas de ganar.
A Blanc no le van a faltar pretendientes, por lo que el problema se le presenta a la selección francesa, que desde que jugó la final del Mundial de 2006 ha ido de mal en peor. Como dice La Gazzetta, el favorito de los directivos de la Federación es Arsène Wenger, quien también podría estar viviendo sus últimos meses como entrenador del Arsenal. Francia podría ser la vía escapatoria para un Wenger que empieza a acumular más críticas que elogios en el equipo gunner.