El fondo de inversiones Blackstone, la estrella de Wall Street, entra mañana en la Bolsa de Nueva York, una consagración que refuerza las crecientes críticas contra la riqueza de los fondos y sus ventajas fiscales, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña.
Blackstone, uno de los tres mayores fondos del mundo, va a introducir en Bolsa mañana 12,3% de su capital para obtener más de 4 mil millones de dólares. En esta ocasión, el Estado chino, que quiere una parte de los impresionantes beneficios del fondo, convino comprar 9,7% de sus acciones, lo cual le dará a Blackstone 3 mil millones de dólares suplementarios.
Su introducción, la más importante de la Bolsa de Nueva York este año, marca el éxito de un fondo que gestiona más de 88 mil millones de dólares y que realizó en estos últimos meses algunas de las más grandes adquisiciones del mundo. Ha comprado, entre otras, a la compañía inmobiliaria Equity Office por 39 mil millones de dólares.
Blackstone prevé introducir 133 millones de acciones a un precio comprendido entre 29 y 31 dólares cada una, con la posibilidad de vender 20 millones de acciones suplementarias en caso de éxito. Podrá así obtener en Bolsa hasta 4.750 millones de dólares.
Los fondos de inversiones, a los cuales inversores institucionales o privados confían sus haberes para hacerlos fructificar, se han vuelto estos últimos años cada vez más activos en la compra de empresas, entre ellas recientemente la automotriz Chrysler.
En general financian la adquisición endeudando al grupo adquirido, y luego maximizan sus beneficios reduciendo los costos (recorte de personal, venta de las filiales menos rentables, entre otras) antes de revenderlos con un valor agregado.
Secretos, gestionados por asociados que obtienen comisiones sobre las operaciones, los fondos prefieren a menudo evitar la Bolsa, que obliga a divulgar informaciones sobre los beneficios, las operaciones y los ingresos de los dirigentes.
Sin embargo Blackstone decidió utilizar la Bolsa para hacerse de fondos, como antes lo hizo su rival KKR, que entró en Bolsa el año pasado y que levantó 5.000 millones de dólares, o Fortress, que hizo una entrada triunfal en febrero.
El presidente ejecutivo de Blackstone, Stephen Schwarzman, a quien la prensa le atribuye gastos extravagantes, se encontrará al frente de acciones por un valor de unos 8.000 millones de dólares.
Pero el éxito de fondos como Blackstone provoca en Estados Unidos cada vez más críticas, que se ven exacerbadas por esta entrada en Bolsa. No sólo de parte de los sindicatos –que ven los fondos como enterradores de empleos– sino también de legisladores que quieren subir los impuestos.
La central sindical estadounidense AFL-CIO dirigió el 12 de junio una carta a la SEC, el regulador bursátil, criticando «la extraordinaria oscuridad» de las cuentas de Blackstone. El sindicato de empleados públicos, el American Federation of State, County and Municipal Employees, también denunció a directivos que, a su juicio, ganan millones y pagan menos impuestos que el trabajador medio.
Dos días más tarde, dos senadores presentaron un proyecto de ley para elevar los impuestos de los fondos a 35%, como las demás empresas, en tanto en la actualidad están pagando 15%.
La misma ofensiva fue lanzada en Gran Bretaña, donde los fondos pagan 10% en impuestos en lugar de los 40% que les corresponden a las empresas tradicionales, lo cual fue denunciado en los últimos días por sindicatos, legisladores y personalidades de las finanzas.