Más de dos semanas después de una de las mayores catástrofes naturales de la historia reciente, un período de tres días de duelo oficial se inició hoy bajo una fina lluvia en Rangún con las banderas del ayuntamiento a media asta.
Pero no hubo ni minuto de silencio, ni ceremonia oficial, como en la vecina China, y la mayoría de los habitantes no estaba al corriente.
«No sabíamos. ¿Cómo podemos expresar nuestro pesar por las víctimas del ciclón?», indicó Mya Mya, una vendedora de flores refugiada en una escuela tras el ciclón que destruyó su casa y que como la mayoría de los damnificados está aún a la espera de alimentos y medicamentos.
La presión internacional se recrudeció sobre la junta militar en el poder desde 1962, para que abra ampliamente las puertas a la ayuda internacional destinada a los 2,4 millones de damnificados y especialmente a los casi dos millones que, según la ONU, todavía no recibieron la más mínima ayuda.
Con el temor de que se produzca una «segunda catástrofe» humanitaria, Ban Ki-moon, que llegará el jueves al país, tratará de convencer a los militares, que dicen proteger la soberanía nacional y desconfían de los Occidentales, de mostrarse más receptivos.
Decenas de aviones ya aterrizaron en Rangún, pero varios barcos – como el francés «Le Mistral» cargado con más de mil toneladas de ayuda – siguen esperando en alta mar la luz verde de la junta.
El objetivo del jefe de la ONU es «reforzar la operación de ayuda actual, analizar cómo se puede intensificar el esfuerzo internacional de socorro y de reconstrucción y trabajar junto con las autoridades birmanas para aumentar de manera significativa el volumen de la ayuda» destinada a las zonas más afectadas por la catástrofe», explicó su portavoz Michele Montas.
Ban permanecerá hasta el viernes en Birmania y no estará presente durante la segunda fase del referendo sobre la nueva Constitución que la junta prevé organizar el sábado, denunciado por el partido de oposición de Aung San Suu Kyi y considerado como inoportuno por la comunidad internacional.
Regresará a Rangún el domingo para asistir a una conferencia de recaudación de fondos organizada por la ONU y la Asociación de las Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) que la junta aceptó recibir.
Los diez países de la Asean (Birmania, Brunei, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam) ya acordaron ayer coordinar la ayuda tras el ciclón que, según las autoridades, causó 10 mil millones de dólares de daños.
Según fuentes diplomáticas, China ejerció presión sobre Birmania para que ablandara en cierta medida su posición.
El viaje del secretario general de la ONU a Birmania será «únicamente humanitario», puntualizó Michele Montas en respuesta a una pregunta sobre un eventual encuentro con la líder opositora, Suu Kyi.
El director general del Banco Mundial, Juan José Daboub, por su parte afirmó hoy en Singapur que no está en condiciones de entregar ayuda financiera a Birmania explicando que la junta «acumula retrasos en los pagos (a la institución) desde 1998».
El Banco Mundial «no puede legalmente desbloquear los fondos», agregó, señalando sin embargo que está dispuesto a proveer asistencia técnica para evaluar los daños ocasionados por el ciclón.
El secretario general de ONU, Ban Ki-moon, estimó hoy que el momento es «crítico» para Birmania, donde la ayuda humanitaria internacional, afirmó, solo alcanzó a 25% de los afectados por el ciclón Nargis.
«El momento es crítico en Birmania. Hemos puesto en marcha un programa de ayuda pero hasta el presente sólo hemos podido llegar a cerca de 25% de las personas que la necesitan», dijo Ban en la sede de la ONU antes de emprender viaje a Tailandia y Birmania, a donde llegará el jueves de mañana.
Este viaje busca «demostrar (su) solidaridad con el pueblo y el gobierno de Birmania en estos tiempos de crisis», tras el paso del ciclón Nargis que causó 133 mil 600 muertos o desaparecidos y dejó 2,4 millones de damnificados.
«También podré darme cuenta por mí mismo de la situación en el terreno, en particular en las zonas más afectadas por este desastre sin precedentes en la historia de Birmania», apuntó.
Agregó que el papel de la ONU «en estrecha cooperación con la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) y el gobierno birmano» será «asegurar que todos estos esfuerzos estén bien coordinados y sean tan eficaces como sea posible, dadas las difíciles circunstancias».