Altos responsables extranjeros viajaron hoy a Birmania para presionar a favor de la entrada de los equipos de ayuda internacional, al tiempo que las organizaciones humanitarias rechazaban la insistencia de la junta birmana por gestionar sola el desastre.
El hambre y las enfermedades amenazan a dos millones de supervivientes, que siguen sin contar con suficiente comida, agua y refugios casi dos semanas después de la tragedia, mientras las nuevas lluvias registradas durante la noche agravaban la situación.
Damnificados en el delta del río Irrawaddy, donde el tifón Nargis, que dejó 62 mil muertos y desaparecidos hace once días, borró del mapa pueblos enteros, afirmaron que el gobierno no les entregó ninguna ayuda de emergencia.
Los generales en el poder, que desconfían de la mayor parte de países extranjeros, aceptaron las donaciones internacionales de material humanitario pero se negaron a autorizar la entrada de la gran mayoría de expertos extranjeros, necesarios para supervisar la complicada operación de socorro.
«Lo que se necesita en un desastre es una respuesta increiblemente rápida y organizada, pero no es lo que tenemos», afirmó Chris Lom, de la Organización Internacional por la Migración (OIM), tras una reunión de grupos humanitarios en la vecina Tailandia, donde decenas de especialistas siguen esperando que se les otorgue un visado para entrar en Birmania.
«En término de respuesta rápida, tal vez ya sea demasiado tarde», agregó.
El primer ministro tailandés, Samak Sundaravej, y el comisario europeo de Desarrollo, Louis Michel, se dirigían por separado hoy a Birmania.
Según el portavoz de Michel, el comisario europeo explicará a los representantes de la junta la necesidad de abrir inmediatamente un corredor humanitario, insistiendo en que «cada hora cuenta».
El régimen militar birmano, que desde 1962 siglo dirige el país con mano de hierro, afirma que no necesita «de momento» expertos humanitarios extranjeros.
Durante días, la televisión estatal ha omitido las desgarradoras escenas de deseperación vividas en el devastado delta del Irrawaddy para difundir en su lugar imágenes de los generales entregando agua y alimentos a ciudadanos agradecidos.
El régimen también ha endurecido las condiciones de acceso de los periodistas a la región, lo que hace aun más difícil obtener una visión completa de la destrucción que reina en el suroeste del país.
Pero los periodistas que lograron llegar a la zona relatan escenas de miseria y desesperación. Las nuevas lluvias están destruyendo los refugios improvisados, la escasa comida disponible se está echando a perder y muchos temen que la tragedia se agrave.
«El arroz que teníamos ya está mojado por las lluvias. No es muy bueno para comer», afirman Thin Thin, de 22 años, sentada en una precaria choza hecha con pedazos de palmera, su único refugio desde que el tifón destruyó su casa.
Mientras tanto, Naciones Unidas advirtió hoy que un nuevo ciclón podría estar formándose sobre Birmania, donde según la ONU el balance tras el paso de Nargis el 2 y 3 de mayo podría rondar los 100 mil muertos.
El presidente estadounidense, George W. Bush, y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, sumaron sus voces a los críticos de la junta.
Utilizando un leguanje inusualmente duro para un jefe de la ONU, Ban afirmó el lunes que la situación está en un «punto crítico» y que el gobierno birmano «tiene que poner por delante las vidas de la población».
Ayer, su portavoz Michele Montas afirmó, en la sede de la ONU en Nueva York, que Ban no había podido hablar todavía con las autoridades birmanas pese a haber intentado llamarlos durante días.
El balance de víctimas del ciclón Nargis que azotó Birmania el 3 de mayo se eleva a 38 mil 491 muertos y 27 mil 838 desaparecidos, anunció hoy la radio estatal birmana.
El anterior balance oficial, dado a conocer ayer, era de 34 mil 273 muertos y 27 mil 836 desaparecidos.
La radio informó además que había 1 mil 403 heridos.