Los biocarburantes deberán representar el 10% del combustible utilizado por el transporte europeo en 2020, un objetivo calificado de irrealista e incluso peligroso para el planeta por sus numerosos detractores.
Este objetivo forma parte del plan contra el cambio climático que debe presentar mañana la Comisión Europea, en un momento en que se agudiza la polémica por los supuestos beneficios de esos carburantes de origen agrícola (etanol, biodiesel), que tienen a Brasil como uno de sus grandes productores a nivel mundial.
Mientras se espera una segunda generación de mayor calidad pero aún en estado experimental, los biocarburantes disponibles amenazan la biodiversidad y provocan a veces desplazamientos de poblaciones, según varias ONGs.
Un informe de la Cámara de los Comunes británica concluyó esta semana que el «apoyo a los biocarburantes ha sido prematuro teniendo en cuenta los riesgos medioambientales importantes asociados a las tecnologías actuales».
Otro estudio interno de la Comisión Europea criticó las propuestas del bloque para impulsar el uso de biocarburantes, afirmando que sus costos sobrepasan los beneficios.
En este marco, el objetivo del 10% obligatorio de biocombustibles para 2020 ya ha comenzado a ser cuestionado.
«Con la misma tecnología, este objetivo del 10% será difícil de alcanzar», reconoció un comisario europeo, que no quiso revelar su identidad, proponiendo flexibilidad para «no caer en aberraciones».
«Transformar las llanuras en tierras cultivables produce una enorme cantidad de CO2», subrayó de su lado el eurodiputado verde Claude Turmes, especialista en cuestiones energéticas.
Según Turmes, hubiera sido mucho más eficaz pedir a los constructores automotores alemanes y suecos más esfuerzos para reducir las emisiones de C=2 de los motores de los vehículos nuevos.
Pero pese a este escepticismo, los criterios «verdes» que debe respetar la futura producción de biocarburantes fueron diluidos, según una nueva versión del proyecto de la Comisión.
En ese sentido, Bruselas estipula que los biocarburantes no deberán ser producidos con materia primas procedentes de selvas, zonas naturales protegidas y zonas pantanosas o boscosas (más de una hectárea con árboles de más de 5 metros de altura).
Pero la medida sólo se aplicará a partir de 2008, en lugar de 2003 como estaba previsto inicialmente, lo que significa «dar un cheque en blanco a todos aquellos que destruyeron las selvas tropicales estos últimos meses», indican varias organizaciones ecologistas.
La comisión promete por otra parte vigilar eventuales «cambios de precios de las materias primas» y los eventuales efectos sobre la «seguridad alimentaria» en países fuera de la UE, sin ser más concreta sobre esta polémica cuestión.