En la revista española Qué!, uno de sus redactores fue enviado a Guatemala para realizar una serie de reportajes. Fue tal su sorpresa de que en la misma Embajada española en nuestro país le advirtieran sobre los peligros a los que se enfrenta, que realizó una nota sobre ello, con apenas unos minutos de haber arribado. Ofrecemos la versión íntegra del artículo para la discusión de nuestros lectores en La Hora.

«Bienvenidos al país más violento de Latinoamérica». Con esta frase nos recibió ayer el cónsul español en Guatemala, Diego Nuño, a la expedición española que integra Qué! y que recorrerá el país centroamericano durante los próximos días. La bienvenida define sin rodeos la situación guatemalteca, una situación que no es conocida, que no es mediática, pero que hace que Guatemala se desangre en silencio.
«Es imposible, pero imposible, caminar un kilómetro por Ciudad de Guatemala con un ordenador portátil colgado al hombro y que no te asalten». El gráfico ejemplo es del jefe de seguridad de la embajada española en Guatemala. Sus consejos, antes de iniciar nuestro periplo, esbozan el panorama del país: «No habléis por el móvil por la calle, no saquéis dinero de los cajeros de la vía pública, no toméis los autobuses, si pagáis en un taxi que no os vea sacar demasiados billetes, si vais al banco no saquéis mucho dinero porque el del banco puede llamar y os esperan en la siguiente esquina….». Desalentador.
¿Exagerado? Lo cierto es que el país atraviesa una ola de violencia inusitada. Los medios de comunicación llegan a definir la situación como una «guerra no declarada». Echar un vistazo al periódico guatemalteco «Al Día» en su edición de hoy respalda la extrema precaución que nos piden desde la embajada: dos jóvenes asesinados a tiros, una mujer decapitada, dos chicos acuchillados, una chica asaltada… hasta tres páginas sólo de asesinatos en el día de ayer. Cuesta creerlo. Los datos estadísticos son el argumento definitivo para ser realmente cauto: en 2008 hubo 6.260 homicidios en un país que tiene 12 millones de habitantes. Esto supone una tasa de 44 asesinatos por cada cien mil habitantes. La tasa española es de 3,3 muertes y la de la UE, de 1,7. Si hacemos una media, en Guatemala son asesinadas 17 personas al día. El problema es que la violencia va en aumento y el número de asesinatos se incrementa cada año desde hace más de nueve. Para combatir esta criminalidad el Estado de Guatemala dispone de un total de 18.000 policías que funcionan en tres turnos de trabajo de 6.000 agentes en cada turno. Esto significa que los 12 millones de guatemaltecos disponen de 6.000 policías para su integridad. La escasez es tal, que la seguridad privada en el país es cuatro veces mayor que la policial.
¿A qué se debe esta creciente criminalidad? ¿A qué se debe esta insoportable y desconocida situación? Guatemala sufrió un sangriento conflicto civil que comenzó en 1960 y no terminó hasta 1996. Treinta y seis años de guerra que dejaron 132.000 personas ejecutadas o desaparecidas. La violenta herencia pervive en un país con las heridas abiertas. Durante el conflicto se establecieron grupos de poder organizados y dirigidos por facciones del ejército. Hoy, estos grupos de poder paralelos al Estado siguen siendo dirigidos -tal y como denuncian muchos medios de comunicación y avocaciones guatemaltecas- por militares que encabezan a su vez partidos políticos en la oposición. Los dos más señalados son el Partido Patriota, dirigido por Otto Pérez y el Frente Republicano Guatemalteco, encabezado por Efraín Ríos. «Ambos quieren desestabilizar al Gobierno y para ello inician campañas de violencia», me explica Karen Ramos, periodista guatemalteca. Un ejemplo fue la oleada de asesinatos de conductores de autobús que sufrió la capital y que dejó más de 160 chóferes asesinados en apenas cuatro meses. «Son maniobras para lograr una inestabilidad social. La de los conductores de autobús fue tan grande, que se llegó a hablar de golpe de Estado», relata Karen. Por si fuera poco, el narcotráfico se está instalando cada día con más fuerza en una Guatemala indefensa y las maras (pandillas) imponen su ley en los barrios marginales. Roberto Alejos, presidente del Congreso de Guatemala, lo resume en una frase: «La violencia y el crimen organizado están invadiendo el país».
Entre toda esta violencia, la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia, que encabeza la delegación española en Guatemala, hace hincapié en la indefensión de las mujeres guatemaltecas. El maltrato hacia ellas está instalado en la sociedad del país con una normalidad escalofriante. La Red de la No Violencia contra las Mujeres, dirigida por Cecilia ílvarez, habla de una «violencia normalizada» debido al convencimiento de demasiados guatemaltecos de que el maltrato en la familia es un «asunto privado» y de que la mujer «es propiedad del hombre». De nuevo, los datos hablan por sí solos: desde el año 2000 hasta el 2008 los asesinatos de mujeres crecieron en Guatemala un 457%. Durante este período fueron asesinadas 2.076 mujeres sólo en el distrito de la capital.
El rostro de esta brutalidad es el de Roxana Chávez. Sirve refrescos detrás de un mostrador y se me acerca cauta cuando descubre que soy periodista. Su necesidad de contar su caso puede más que su timidez. Su marido le pegó palizas durante tres años hasta que la mandó al hospital de un machetazo. Ella estaba embarazada. Durante el período de maltratos la amenazó para que no hablara. Cuando lo hizo, él desapareció. Hoy lucha por superar aquello junto a sus tres hijos. «Yo conté con el apoyo de mi familia, pero no siempre es así. Mi caso es el de miles de mujeres guatemaltecas», concluye. Un caso más en una ola de violencia que no parece tener fin.
Revista Qué
http://www.que.es
http://blogs.que.es/desde-guatemala/2009/5/7/-bienvenidos-al-pais-mas-violento-latinoamerica-