«Bienvenidos al paí­s más violento de Latinoamérica»


En Guatemala son asesinadas 17 personas al dí­a. La tasa española es de 3,3.

En la revista española Qué!, uno de sus redactores fue enviado a Guatemala para realizar una serie de reportajes. Fue tal su sorpresa de que en la misma Embajada española en nuestro paí­s le advirtieran sobre los peligros a los que se enfrenta, que realizó una nota sobre ello, con apenas unos minutos de haber arribado. Ofrecemos la versión í­ntegra del artí­culo para la discusión de nuestros lectores en La Hora.


Guatemala atraviesa una ola de violencia inusitada.

«Bienvenidos al paí­s más violento de Latinoamérica». Con esta frase nos recibió ayer el cónsul español en Guatemala, Diego Nuño, a la expedición española que integra Qué! y que recorrerá el paí­s centroamericano durante los próximos dí­as. La bienvenida define sin rodeos la situación guatemalteca, una situación que no es conocida, que no es mediática, pero que hace que Guatemala se desangre en silencio.

«Es imposible, pero imposible, caminar un kilómetro por Ciudad de Guatemala con un ordenador portátil colgado al hombro y que no te asalten». El gráfico ejemplo es del jefe de seguridad de la embajada española en Guatemala. Sus consejos, antes de iniciar nuestro periplo, esbozan el panorama del paí­s: «No habléis por el móvil por la calle, no saquéis dinero de los cajeros de la ví­a pública, no toméis los autobuses, si pagáis en un taxi que no os vea sacar demasiados billetes, si vais al banco no saquéis mucho dinero porque el del banco puede llamar y os esperan en la siguiente esquina….». Desalentador.

¿Exagerado? Lo cierto es que el paí­s atraviesa una ola de violencia inusitada. Los medios de comunicación llegan a definir la situación como una «guerra no declarada». Echar un vistazo al periódico guatemalteco «Al Dí­a» en su edición de hoy respalda la extrema precaución que nos piden desde la embajada: dos jóvenes asesinados a tiros, una mujer decapitada, dos chicos acuchillados, una chica asaltada… hasta tres páginas sólo de asesinatos en el dí­a de ayer. Cuesta creerlo. Los datos estadí­sticos son el argumento definitivo para ser realmente cauto: en 2008 hubo 6.260 homicidios en un paí­s que tiene 12 millones de habitantes. Esto supone una tasa de 44 asesinatos por cada cien mil habitantes. La tasa española es de 3,3 muertes y la de la UE, de 1,7. Si hacemos una media, en Guatemala son asesinadas 17 personas al dí­a. El problema es que la violencia va en aumento y el número de asesinatos se incrementa cada año desde hace más de nueve. Para combatir esta criminalidad el Estado de Guatemala dispone de un total de 18.000 policí­as que funcionan en tres turnos de trabajo de 6.000 agentes en cada turno. Esto significa que los 12 millones de guatemaltecos disponen de 6.000 policí­as para su integridad. La escasez es tal, que la seguridad privada en el paí­s es cuatro veces mayor que la policial.

¿A qué se debe esta creciente criminalidad? ¿A qué se debe esta insoportable y desconocida situación? Guatemala sufrió un sangriento conflicto civil que comenzó en 1960 y no terminó hasta 1996. Treinta y seis años de guerra que dejaron 132.000 personas ejecutadas o desaparecidas. La violenta herencia pervive en un paí­s con las heridas abiertas. Durante el conflicto se establecieron grupos de poder organizados y dirigidos por facciones del ejército. Hoy, estos grupos de poder paralelos al Estado siguen siendo dirigidos -tal y como denuncian muchos medios de comunicación y avocaciones guatemaltecas- por militares que encabezan a su vez partidos polí­ticos en la oposición. Los dos más señalados son el Partido Patriota, dirigido por Otto Pérez y el Frente Republicano Guatemalteco, encabezado por Efraí­n Rí­os. «Ambos quieren desestabilizar al Gobierno y para ello inician campañas de violencia», me explica Karen Ramos, periodista guatemalteca. Un ejemplo fue la oleada de asesinatos de conductores de autobús que sufrió la capital y que dejó más de 160 chóferes asesinados en apenas cuatro meses. «Son maniobras para lograr una inestabilidad social. La de los conductores de autobús fue tan grande, que se llegó a hablar de golpe de Estado», relata Karen. Por si fuera poco, el narcotráfico se está instalando cada dí­a con más fuerza en una Guatemala indefensa y las maras (pandillas) imponen su ley en los barrios marginales. Roberto Alejos, presidente del Congreso de Guatemala, lo resume en una frase: «La violencia y el crimen organizado están invadiendo el paí­s».

Entre toda esta violencia, la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia, que encabeza la delegación española en Guatemala, hace hincapié en la indefensión de las mujeres guatemaltecas. El maltrato hacia ellas está instalado en la sociedad del paí­s con una normalidad escalofriante. La Red de la No Violencia contra las Mujeres, dirigida por Cecilia ílvarez, habla de una «violencia normalizada» debido al convencimiento de demasiados guatemaltecos de que el maltrato en la familia es un «asunto privado» y de que la mujer «es propiedad del hombre». De nuevo, los datos hablan por sí­ solos: desde el año 2000 hasta el 2008 los asesinatos de mujeres crecieron en Guatemala un 457%. Durante este perí­odo fueron asesinadas 2.076 mujeres sólo en el distrito de la capital.

El rostro de esta brutalidad es el de Roxana Chávez. Sirve refrescos detrás de un mostrador y se me acerca cauta cuando descubre que soy periodista. Su necesidad de contar su caso puede más que su timidez. Su marido le pegó palizas durante tres años hasta que la mandó al hospital de un machetazo. Ella estaba embarazada. Durante el perí­odo de maltratos la amenazó para que no hablara. Cuando lo hizo, él desapareció. Hoy lucha por superar aquello junto a sus tres hijos. «Yo conté con el apoyo de mi familia, pero no siempre es así­. Mi caso es el de miles de mujeres guatemaltecas», concluye. Un caso más en una ola de violencia que no parece tener fin.

En Internet

Revista Qué

http://www.que.es

¿Dónde encontrar el artí­culo?

http://blogs.que.es/desde-guatemala/2009/5/7/-bienvenidos-al-pais-mas-violento-latinoamerica-