Bienvenido presidente Obama


La merecida victoria del senador Barack Obama en las elecciones para Presidente de Estados Unidos ha sido demoledora, más en votos electorales (349 contra 163) que en el voto popular (53% contra 46%), si bien esto significa al momento 7.5 millones de votos de diferencia. El voto popular es menos importante, ya que la estrategia de los candidatos se centra en garantizarse el triunfo en los Estados que lleven a un número mágico. Este paí­s debe aún incorporar a su ley electoral el lema que llevó a la Revolución Francesa en 1789: «a cada persona un voto». Por ahora, sin embargo, la clave del triunfo estaba en lograr 270 votos electorales o más.

Lic. Raúl Molina

El mensaje de la población ha sido claro en muchos aspectos: es un rechazo contundente de la administración Bush y de las polí­ticas que empujaron los Republicanos conservadores a lo largo de los últimos 8 años; es un voto de castigo al Partido Republicano, ya que el Senado y la Casa de Representantes quedan firmemente en manos demócratas, que podrí­a significar el inicio del desvanecimiento republicano como fuerza polí­tica; es un rechazo al racismo como factor determinante en los procesos de la polí­tica de Estados Unidos; es la apuesta al cambio sustancial y a la esperanza de un nuevo liderazgo en el paí­s y en el mundo; y, finalmente, es la entrada en escena de una nueva generación, que combina el rescate de los valores del pueblo estadounidense con una visión más tolerante y no conflictiva en las relaciones internacionales.

Desde luego, el triunfo de la razón sobre la fuerza que se ha producido no significa que todo será color de rosa, ni en los Estados Unidos ni en las relaciones internacionales. Grandes intereses existentes tratarán de no verse afectados cuando el nuevo gobierno enfrente las cinco grandes crisis actuales: alimentaria, energética, ecológica, económico-financiera y ética. De hecho, la lucha que se ha dado por llevar a Obama a la presidencia, coronada con la celebración de más de 100 mil personas en Chicago y de millones más a lo largo y ancho de los Estados Unidos, debe ser punto de partida y no de culminación. ¡Hay tantas luchas más en lí­nea de espera!

Para los inmigrantes en los Estados Unidos, una de las grandes luchas será la reforma migratoria, para que la ley sea más humana y flexible. Para los hispanos, una lucha importante será la redefinición de las relaciones exteriores con América Latina, sobre la base del respeto mutuo, la vigencia plena de los derechos humanos y la cooperación para el desarrollo. Nuestra red guatemalteca, la RPDG, sumó su granito de arena, lamentablemente pequeño, a los esfuerzos por elegir al senador Obama -pocos votos pero muchas ganas- lo cual nos abre la puerta para hacer llegar propuestas al Partido Demócrata. Desde luego, al igual que frente al Gobierno de Guatemala, no nos conformaremos con hacer propuestas, sino que las acompañaremos con todas las formas de lucha social y polí­tica que sean necesarias y posibles. No obstante, siempre es bueno que al final de la lucha encontremos diálogo y no represión. Por ello es que el ansiado cambio en Estados Unidos resultará esencial. ¡Bienvenido presidente Obama!