Con la invasión francesa a España quedó formada la Junta Suprema de España, siendo el momento preciso para que un grupo de criollos cuestionara sobre la ilegalidad del dominio español en Indias o América. En 1811 quedaron formadas dos juntas en la Capitanía General de Chile teniendo en apariencia luchar por el rey. En este pequeño trabajo no es posible citar las causas de la Independencia, pero menciono una que es muy conocida, la proclama del jesuita Juan Pablo Viscardo y Guzmán, invitando a los americanos a la rebelión en contra de España debido, en parte, a la expulsión de los padres de la Compañía de Jesús en 1767.
La revolución en Chile fue la realización de una minoría de criollos cultos que formaban una oligarquía. El pueblo le era fiel al rey. La Junta de Buenos Aires formada en 1810 y la de Santiago mantuvieron comunicación y alianza, siendo tal situación otra causa de la emancipación. La Junta de Santiago de hecho funcionó como un gobierno independiente guardando la apariencia de fidelidad al monarca. Alma de la Junta el fraile Camilo Henríquez con ideología enciclopedista. En 1810 dio inicio la insurrección incorporándose el patriota Juan Martínez de Rozas.
En medio de rivalidades las ideas liberales avanzaron por medio de cabildos abiertos: supresión de la esclavitud por la libertad de vientre y prohibición de importar más esclavos negros, así como ruptura con la Inquisición de Lima.
El padre de O’Higgins ocupó los cargos de Capitán General de Chile y virrey del Perú, habiendo desempeñado con energía y capacidad dichos puestos. El amor por la libertad de Chile lo adquirió nuestro héroe en Europa, teniendo amistad con Francisco de Miranda cuando permaneció en Londres. Ingresó en la masonería desde su estancia en Cádiz. José Miguel Carrera, caudillo militar que luchó por la libertad manteniendo distanciamiento con O’Higgins. La biografía de Carrera será motivo de un trabajo por separado. Carrera quedó despojado del mando por La Junta al ser culpado por los desastres, nombrándose en su lugar a O’Higgins en 1813.
El virrey del Perú, José Fernando de Abascal desde la isla de Chiloé emprendió la guerra en contra de los insurgentes, en dicha isla no habrían ingresado las ideas revolucionarias. La guerra implacable en 1813 devastó regiones completas. Los araucanos apoyaron a los realistas. Predominó en esta fase la lucha de guerrillas. O’Higgins triunfó en El Roble. Antonio José de Irisarri en el periódico el Semanario Republicano defendió la independencia y el desconocimiento del rey Fernando VII. Irisarri ejerció el poder interinamente en 1813.
Gabino Gaínza fue derrotado por Mackenna y O’Higgins sufrió derrota en el Quilo. Una de las huestes de Gaínza triunfó en Cancharrayada sobre Blanco Encalada en 1814. Los realistas dominaron el sur de Chile y ante la indecisión y por intermedio de un marino inglés fue firmado el tratado de Lircay en el último año citado, acordándose reconocer la soberanía de Fernando VII.
El virrey del Perú desaprobó el tratado de Lircay y la guerra continuó. O’Higgins defendió el sitio de Rantagua siendo derrotado por Osorio en octubre de 1814, sangrienta batalla con la que finalizó la primera etapa de la revolución conocida con el nombre de la Patria Vieja.
Continuará.