Berlusconi sale del hospital tras agresión y llama a Italia al diálogo


Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, saluda a su salida del hospital San Raaffaele, en Milán, aún con una gasa para cubrirle sus heridas. FOTO LA HORA: AFP GIUSEPPE CACACE

El jefe del gobierno italiano Silvio Berlusconi, de 73 años, fue dado de alta hoy en el hospital de Milán tras permanecer ingresado cuatro dí­as por una agresión en un mitin e hizo un llamamiento al diálogo, ante el deterioro del clima polí­tico en el paí­s.


«Dos cosas me quedan de esta experiencia: el odio de unos pocos y el amor de tantos, muchí­simos italianos», afirmó Berlusconi, en un mensaje oficial divulgado por la jefatura del gobierno en el que llama «a una nueva era de diálogo».

«Si lo que ocurrió genera una mayor conciencia de la necesidad de un lenguaje más moderado y honesto en la polí­tica italiana, entonces este dolor no ha sido inútil», agregó.

«Algunos representantes de la oposición parecen que han entendido: si se distancian con honestidad de los pocos que fomentan la violencia, entonces se podrá finalmente comenzar una nueva era de diálogo», añadió.

Abandonando el tono conciliador, Berlusconi prometió «seguir adelante con más fuerza y determinación el camino de la libertad» y de «las reformas».

El jefe de gobierno italiano, con el rostro visiblemente hinchado y en parte cubierto por un vendaje, saludó con la mano a unos cincuenta periodistas desde su automóvil.

«Buen regreso a casa» rezaba una banderola colocada en una valla cercana a la entrada de la residencia de Berlusconi cuyas ví­as de acceso estaban estrechamente vigiladas por la policí­a.

El primer ministro deberá descansar y «evitar todos los compromisos de carácter público» durante unos 10 o 15 dí­as por orden de su médico, aunque su portavoz Paolo Bonaiuti, quien lo considera «un volcán siempre en erupción» y un trabajador incansable, sostiene que será difí­cil tenerlo en casa.

El domingo en la noche, al término de un mitin polí­tico, Berlusconi fue alcanzado en pleno rostro por un proyectil, una réplica en miniatura de la catedral de Milán, lanzado contra él por un hombre de 42 años en tratamiento desde hace diez años por trastornos mentales.

El diagnóstico después de la agresión dio cuenta de una fractura de la nariz, una herida en el labio superior y dos dientes rotos.

Berlusconi debió pasar cuatro noches en el hospital San Raffaele de Milán (norte) a pesar de un pronóstico inicial que señalaba entre 24 y 36 horas de observación debido, según su médico personal Alberto Zangrillo, a dolores persistentes en el rostro, donde recibió el impacto, y a antiguos problemas cervicales avivados por la agresión.

Desde el primer dí­a, Berlusconi lee los diarios y sigue los debates televisivos, según sus asistentes.

Inclusive se molestó por los análisis hechos en algunos programas televisivos sobre el clima de odio fomentado durante su legislatura y por un sondeo según el cual dos italianos sobre diez apoyan a su agresor.

El ataque a Berlusconi generó fuertes debates sobre el temor de un retorno de la violencia, y la izquierda y la derecha se intercambiaron acusaciones como «instigadores morales» de la agresión.

El descubrimiento de una carta bomba la madrugada del miércoles en la Universidad Bocconi de Milán, enviada por un movimiento anarquista, incrementó aun más esos temores.

Mientras tanto, el ingeniero con problemas psí­quicos desde los 18 años que agredió a Berlusconi, Massimo Tartaglia, permanece en la cárcel acusado de «lesiones graves y premeditación».