Berger impulsa la violencia


Conocí­ a í“scar Berger Perdomo hace algunos años, cuando él por primera vez fue candidato a la alcaldí­a. Por circunstancias que no vienen al caso, coincidimos en varias oportunidades en estudios de televisión.

Roberto Arias

í“scar Berger me pareció, en esa época, una persona sobria y tranquila, sin mayores problemas y que si perdí­a o ganaba la alcaldí­a, para él era una mera situación circunstancial que no lo entristecerí­a mucho. Obtuvo la alcaldí­a.

No pasó por lo más recóndito de mi mente que este personaje de abatido aspecto, quien permanecí­a sentado, casi siempre, en algún rincón mientras se iniciaban los debates, entrevistas o foros con él y con otros candidatos a la alcaldí­a municipal, fuera a ser algún dí­a presidente de la República. Su oratoria era errática y limitada.

De pronto, por circunstancias que aún no comprendo, ganó la presidencia de la República. El rumor de que ganó por fraude es muy fuerte en corrillos y, supongo que sobornar a donde fuera necesario no era motivo de desvelos, ya que su candidatura fue respaldada por el capital de obscuros personajes que al inicio de su gestión prometió descubrir y que aún no lo ha hecho ni creo que lo haga.

Quien aún ostenta la banda presidencial de Guatemala, recientemente felicitó a un chofer de camioneta, reo de homicidio aún pendiente de sentencia, por haberse defendido de un marero, asesinándolo, a quien según el Ministerio Público, no le encontraron arma alguna con la que pudo haber atacado o amenazado de muerte al dicho chofer.

¿Se imaginará el Presidente de Guatemala cuáles serán las consecuencias de su torpe intervención como Presidente de la República, al inclinar la balanza de la justicia a favor de un reo aún en proceso de sentencia por jueces de la Corte de Justicia de Guatemala? ¿No prohí­be la legislación guatemalteca la intervención de un organismo estatal dentro de otro?

¿Sabrá el presidente de Guatemala cuál fue el impacto de su pública opinión en el criterio de los juzgadores al sentirse presionados al máximo para emitir una sentencia que no contradijera lo ya sentenciado ante los medios de comunicación masivos por el Presidente de la República? La sentencia del tribunal fue la esperada: El chofer está libre y le devolvieron el arma homicida de su propiedad.

¿Tendrá la mí­nima idea el Presidente de Guatemala de cuántas puertas y ventanas abrió con su torpe, inconstitucional e irresponsable comentario, para generar confusión y motivar a choferes y similares raleas al asesinato impune en toda la República? Sabido es que los choferes de camioneta en su generalidad son violentos cafres que utilizan las camionetas como armas mortales y/o para desaguar su odio contra la ciudadaní­a honrada. ¿Cómo se sentirán ahora con el aval del Presidente de la República para armarse y asesinar impunemente? ¿Y la ley? ¿Y la justicia?

En Guatemala el Presidente de la República comete falta grave contra la Constitución Polí­tica y nadie le pide cuentas. ¿Y el Colegio de Abogados cuándo se dignificará? Porque las instituciones pertinentes están al servicio del partido de turno. ¡Qué calamidad!

Desde esta tribuna, como ciudadano de Guatemala, personalmente responsabilizo a í“scar Rafael Berger Perdomo, presidente de la República, por soliviantar a la escalada de violencia que arreciará inicialmente dentro de los gremios de camioneteros y similares.