Benedicto XVI se reunió hoy con víctimas de sacerdotes católicos pedófilos en Sidney para ofrecerles consuelo, momentos antes de abandonar Australia, en la que durante una visita de nueve días emitió una histórica disculpa por los abusos sexuales de clérigos.
El esperado encuentro se produjo en la catedral de Sídney durante las horas previas a la partida del pontífice del aeropuerto de Sidney a bordo de un Boeing 747-400 de Qantas, luego de haber participado en la metrópolis australiana en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).
«El santo padre Benedicto XVI celebró la mañana de hoy una misa en presencia de un grupo de víctimas de abuso sexual», informó a periodistas el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi.
El Papa «escuchó sus historias y les consoló. Les reiteró su proximidad espiritual y les ofreció continuar orando por ellos, por sus familias y por todas las víctimas», dijo Lombardi, que señaló que el encuentro mostró la «preocupación por todos aquellos que han sido víctimas de abuso sexual».
El jefe de los católicos en el mundo habló con cada una de las cuatro víctimas, dos hombres y dos mujeres, en una atmósfera de «respeto, espiritualidad y emociones intensas», durante el encuentro que duró una hora, incluida la misa, detalló Lombardi.
Las víctimas «estaban agradecidas de estar ahí», afirmó en rueda de prensa el arzobispo de Sídney, cardenal George Pell, al destacar que las cuatro personas solicitaron permanecer en el anonimato.
«Lamento profundamente el dolor y sufrimiento que han soportado las víctimas», señaló el sábado Benedicto XVI, quien por primera vez no se limitó a expresar vergí¼enza, sino que pidió explícitamente perdón por este tema que ha hecho mella en la reputación de la Iglesia católica.
«Las víctimas deben recibir compasión y atención y los responsables de estos males deben ser llevados ante la justicia», dijo el Papa de 81 años en un firme mensaje.
Reconoció «la vergí¼enza que todos hemos sentido como resultado de los abusos sexuales de menores por parte de clérigos y religiosos en este país», «fechorías» que «merecen una condena inequívoca».
El Papa había abordado el tema pero sin pedir disculpas en abril cuando visitó Estados Unidos, país donde la Iglesia ha desembolsado unos 3 mil millones de dólares de indemnizaciones y se contabilizan unos 14 mil niños abusados.
En Australia, Broken Rites, grupo de apoyo a las víctimas, asegura que 107 curas católicos han sido sentenciados por tal motivo.
Una directiva de la ONG, Chris MacIsaac, saludó la reunión con el Papa pero indicó que la Iglesia debe aprender a escuchar a aquellos que sienten que la respuesta a los casos ha sido inadecuada. «Tienen que reunirse con las personas que no aceptan la manera cómo han abordado este problema en el pasado», dijo.
Por su parte, Anthony Foster, padre de dos niñas víctimas de abusos, una de las cuales se suicidó posteriormente, denunció que el grupo de cuatro personas fue «seleccionado cuidadosamente por la Iglesia» y que «no son representativos».
El Papa encabezó varios actos masivos en Sídney, donde ayer cerró las JMJ -que reunieron a 223 mil peregrinos, 110 mil extranjeros- en una misa al aire libre ante 400 mil personas.
«Al despedirme de ustedes con profunda gratitud en mi corazón, les repito: Dios bendiga a Australia», dijo el pontífice en un mensaje antes de abordar el avión que lo llevó de vuelta a Roma.
El primer ministro australiano, Kevin Rudd, quien despidió a Benedicto XVI en el aeropuerto, anunció que el viceprimer ministro Tim Fischer será el primer embajador residente australiano en el Vaticano.