Mario Benedetti (1920-2009) continuará presente en la literatura como escritor comprometido socialmente con su tiempo. Siempre activo, escribió novelas, ensayos, poemas y relatos. También fueron conocidas sus canciones cuando diferentes grupos las tocaban en cualquier parte. Sus preocupaciones o amores -decía- las transformaba en poesía. Su último libro, Testigo de uno mismo, fue presentado en agosto de 2008: una expresión de él. No quiero decir final pues sus ideas seguirán vigentes. Este hecho explica que el diario Granma haya afirmado que con la pérdida de Benedetti «las letras lloran».
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Benedetti fue el escritor uruguayo contemporáneo también inmerso en el periodismo y la política. Dos factores que cuando se aplican con honestidad y libertad, llevan a mujeres u hombres al exilio, como fue el caso de Benedetti (Argentina, Cuba y España). Una etapa de su vida en varias naciones, especialmente en Cuba, donde dirigió el Centro de Investigaciones Literarias. La obligada migración política le permitió conocer una diversidad de escritores, políticos y personas, de todas partes del mundo.
Leer a Benedetti significa estar inmerso en el mundo de la imaginación literaria y realidad políticosocial latinoamericana. En el primer caso, con una escritura fácil y eficaz, sin complicaciones, que aprehendieron diversos sectores medios de poblaciones, en especial, estudiantiles. Lo leyeron -además de ubicarlo como escritor de izquierda, por la calidez de sus textos, el carácter amable de su prosa; y en el segundo caso, con su reflexión política llena de coherencia al denunciar las atrocidades (¿alguien del despertar de los sesentas ha olvidado Pedro y el capitán? «La indagación dramática en la psicología de un torturador»).
Al igual que sus lectores, la obra de Benedetti siempre crece: por su ironía, mordacidad, forma elegante de expresar la cotidianidad, y donde se localiza la lucidez de su escritura y porque al final de sus textos, mujeres y hombres libres o quienes están en celdas por pensar como seres humanos, concluyen con la idea «benedittiana» de anular la impotencia ante la imposición, así como las tiranías y la necesidad de cambios en el mundo.
Para un escritor prolífico como Benedetti, con una obra que rebasa más de 60 textos de gran calidad literaria, recibir diversos galardones, entre ellos, el Premio Cristo Boptev (Bulgaria, 1987), el Premio Llama de Oro de Amnistía Internacional por su novela Primavera con una esquina rota, la Medalla Haydee Santamaría (1989), otorgada por el Consejo de Estado de Cuba, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano de la fundación José Martí (2001), fueron de especial satisfacción, hechos que refuerzan la presencia de obras como La Tregua (1960, belleza y sensibilidad traducida a más de 19 idiomas)) y Gracias por el fuego (1965), las cuales lo colocaron a la par de figuras especialmente destacadas (Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa) en la década de lo sesenta cuando se incorporaron al denominado «boom» literario latinoamericano (originalidad y creatividad de los escritores desarrollando el realismo mágico o lo real maravilloso).
En sus textos, Benedetti se incorpora a la urdimbre de sus escritos como un narrador-autor-personaje y logra mayor fuerza cuando presenta la crónica, escritos periodísticos, el ensayo o reportajes. Sus lectores tienen entonces una escritura abierta, sin formalismos. Ahí se encuentra la realidad expuesta, entre otros, en El escritor latinoamericano y la revolución posible, Con y sin nostalgias y poemas donde destaca Viento del exilio.
Quienes se encontraban en el exilio latinoamericano en cualquier lugar del mundo, no olvidarán los recitales de poesía donde surgían las expresiones de Benedetti. Asimismo, en aulas y salones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en las «peñas» o centros de salud (cantinas), se escuchaba la voz de Joan Manuel Serrat, quien convirtió en canción el poema de Benedetti El sur también existe: con su ritual de acero/sus grandes chimeneas/sus sabios clandestinos/su canto de sirena/sus cielos de neón/sus ventas navideñas/su culto de Dios Padre/y de las charreteras/con sus llaves del reino/el Norte es el que ordena.
Benedetti, poesía coloquial donde se incluyen temas sociales (nos recuerda a Otto René Castillo y Roque Dalton) en estrecha comunicación con el lector, junto a matices de amor, ternura y humor, lo llevarán a la reflexión poética para desarrollar sus propios escritos. Benedetti es la poesía como sinónimo de libertad. Por esta razón, es para hombres y mujeres que leen con el propósito de ser independientes. Y también, como escribe de él José Saramago: «Arranquemos sus poemas de la inmovilidad de la página y hagamos con ellos una nube de palabras, de sonidos, de música, que atraviesen el mar Atlántico y se detenga, como una orquesta protectora, delante de la ventana que está prohibido abrir, acunándole el sueño y haciéndolo sonreír al despertar».
Benedetti ya no se encuentra entre nosotros. Ya no regresará a Paso de los Toros -lugar donde nació- en Tacuarembó, Uruguay. Pero, nos quedamos con su prosa despejada, sus relatos mágicos, y legado cultural.