Fue dura y prolongada la lucha de algunos de Los gobiernos que hemos tenido los guatemaltecos, con el propósito de recuperar el territorio de Belice de las garras de los bucaneros de la Gran Bretaña.
Desafortunadamente, Guatemala es una pequeña nación no guerrerista, inerme, amante de la paz y, por consiguiente, no ha estado en incapacidad de emplear la fuerza militar contra una potencia que, valiéndose de su poderío, extendió sus tentáculos de colonización y ocupación del citado jirón de la patria.
Gran Bretaña, al producirse un cambio de cosas con posterioridad a la terminación de la Segunda Guerra Mundial, soltó de sus luengas garfas a casi todos los países aprisionados y explotados al máximo posible, excepción hecha, por supuesto, de una parte de este país centroamericano.
Los resultados de las gestiones que, sobre todo promovió pacíficamente durante muchos años Guatemala a través de los canales diplomáticos, fueron infructuosos; pero, por espació de muchos lustros, se decía con cierto optimismo y a manera de eslogan, “¡Belice es nuestro!” Sin embargo, nada más. ¡Nada más, recalcamos!
Y llegó un día, infortunado para el pueblo guatemalteco: Los beliceños, apuntalados por la casi totalidad de los miembros de la Organización de las Naciones Unidas, dieron a luz la “criatura” con todos los derechos del Estado libre, soberano e independiente.
Esa declaratoria de la principal organización internacional (la ONU) provocó indignación en la población guatemalteca. Encendió los ánimos de más de una decena de millones del conglomerado nacional, pero nada se pudo hacer ya.
El desgaje del hollado territorio -del regazo de la patria- estaba consumado, y fue muy lamentable y decepcionante que El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y algún otro “paisito” regional, apoyara el surgimiento de Belice con todos los atributos de Estado. ¡Inconsecuente decisión antiguatemalteca de nuestros “hermanos” del istmo!
Ahora oficialmente, por parte de nuestra una vez más desgajada Guatemala (territorialmente hablando) se está recurriendo por la vía diplomática a reclamar un pedazo de suelo de Belice para posibilitar el paso hacia el mar, pero el monigote -o los monigotes- de la pérfida Rubia Albión, no muestran buena voluntad de resolver favorablemente las gestiones del gobierno de nuestro solar.
Si estuviésemos en igualdad de condiciones y dispuestos a la acción armada contra el régimen que está bajo las plantas de Gran Bretaña, otra sería la situación, mas no tenemos los suficientes letales artefactos bélicos, ni somos belicistas, para enfrentarnos a la blindada y pérfida rubia Albión, que por poco la invaden las hordas de Hitler a mediados del siglo XX en los aciagos años de la sangrienta conflagración mundial.
El susodicho Estado, que continúa bajo la férula de Inglaterra tras bambalinas, tiene a la espalda toda la “chatarra” agresiva de los bucaneros de ultramar. Ya nos imaginamos los enjambres de aviones “Harrier” vomitando fuego de ametralladoras y repletos de bomba.
La gente de gobierno ya no debería estar pidiendo como de hinojos la mencionada franja territorial, sino esperar un eventual momento propicio para reivindicar sus legítimos y soberanos derechos respecto de Belice.
En realidad, ya nada efectivo y benéfico puede hacerse con un retazo territorial de Belice. Lo procedente, aunque no sea conveniente, es suspender por ahora lo que se viene haciendo por la vía diplomática: dilapidando a manos llenas el dinero que buena falta hace para realizar la obra integral que necesita y urge todo un pueblo inmerso en la pobreza y, por añadidura, azotado por la violencia que a diario está cobrando muchas vidas de hombres, mujeres y niños inocentes.
¡Basta ya de tanto bla, bla,bla, respecto de Belice, señores del jurado! ¿No hay mal que dure cien años, ni enfermo que lo padezca!