Los países de la OTAN accedieron hoy a tomar parte por primera vez en la lucha contra el tráfico de opio en Afganistán para poner fin a los ingresos que los talibanes reciben de la droga, indicó el portavoz de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
«En lo que se concierne a la lucha antidroga, la Fuerza Internacional» de Asistencia para la Seguridad (ISAF) bajo mando de la OTAN «está autorizada a actuar en forma concertada con los afganos contra las instalaciones y los individuos que apoyan la insurrección tal como está previsto por el plan de operación existente», declaró James Appathurai a la prensa.
Esta decisión, tomada por los ministros de Defensa de los 26 miembros de la OTAN reunidos jueves y viernes en Budapest, está basada en «una demanda del gobierno afgano» y «conforme a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU» sobre la lucha contra el tráfico de droga y el mandato de los 50.700 soldados de la ISAF.
Para responder a las preocupaciones de países como España, Francia y Alemania, este tipo de operaciones sólo serán llevadas a cabo por «tropas que hayan sido debidamente autorizadas por sus respectivos gobiernos».
Esas intervenciones deberán además «evitar al máximo las pérdidas de vidas de civiles», indica el texto del acuerdo. Este punto era particularmente importante para Alemania.
Las operaciones «estarán concentradas en regiones prioritarias» a definir por la ISAF, según un diplomático.
En principio se trataría de las siete provincias del sur donde se combinan el cultivo de la amapola y las actividades de los talibanes.
En esa región están presentes tropas de Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Holanda.
Afganistán produce el 92% del opio y la heroína consumidos en el mundo y los talibanes financian ampliamente su resistencia contra el gobierno del presidente Hamid Karzai gracias a ese tráfico.