Basura se desborda en Ciudad de México


Unos empleados municipales del sistema de recolección de basura en México D.F., un servicio que no se da abasto para recoger los desechos de una ciudad de 20 millones de habitantes, la mayorí­a de los cuales no sabe reciclar. FOTO LA HORA: AFP RONALDO SCHEMIDT

Los vecinos de Ciudad de México están a punto de tener que reciclar su basura, bajo amenaza de ser multados por unas autoridades que aún no les proporcionan los medios adecuados y que no encuentran una solución ante el inminente desbordamiento del principal vertedero.


Marcelo Ebrard, alcalde de México D.F., no sabe cómo solucionar el problema de la basura. FOTO LA HORA: AFP RONALDO SCHEMIDT

El conflicto por los desechos no es una novedad en esta extensa y contaminada urbe de unos 20 millones de habitantes. Sin embargo, los polí­ticos no han logrado una solución a largo plazo y el amontonamiento indiscriminado de unas 12 mil toneladas de basura diarias hace temer por la propagación de enfermedades y daños ambientales.

«El objetivo deberí­a ser «basura cero» en la Ciudad de México porque ya no hay terrenos donde depositar la basura en esas cantidades», dijo Ramón Ojeda Mestre, secretario general de la Corte Internacional de Arbitraje Ambiental.

El centro del conflicto es el gigantesco y desbordado vertedero Bordo Poniente, cuyo cierre estaba previsto para este mes pero las autoridades locales lograron mantenerlo abierto por la ví­a judicial ante la falta de alternativas.

Un primer lugar escogido para sustituir una parte de este inmenso basurero no se podrá utilizar hasta dentro de dos años y tampoco están listos los tratamientos de alta tecnologí­a que planea el alcalde, el izquierdista Marcelo Ebrard.

«El cierre precipitado (de Bordo Poniente) puede ocasionar impactos ambientales mayores», dijo Marta Delgado, secretaria de Medio Ambiente de Ciudad de México.

Pero las autoridades federales, del conservador Partido de Acción Nacional (PAN), que son dueños del terreno, exigen su cierre inmediato por razones medioambientales.

«No es nuestra responsabilidad. (…) El problema es que ellos tienen que pagar (la clausura) y no están dispuestos a invertir en el manejo adecuado de los residuos sólidos», afirmó Mauricio Limón Aguirre, un alto funcionario federal de Medio Ambiente.

Y mientras el debate polí­tico se acalora, el tiempo corre en contra.

Bordo Poniente «está contaminando el aire, el suelo, el agua subterránea», alerta Ojeda Mestre, que ha amenazado con llevar a ambos gobiernos ante cortes internacionales.

Apremiado por la oposición y la opinión pública, el ejecutivo capitalino ha emprendido acciones urgentes para lograr un manejo casero más responsable de los desechos que incluya la separación entre orgánicos y no orgánicos.

«Vamos a hacer una campaña de difusión muy importante. Vamos a premiar a la gente que hace bien las cosas y sancionar a los que lo hacen mal», dijo el alcalde de Ciudad de México, el izquierdista Marcelo Ebrard.

Asegura que su ejecutivo forzará a las grandes empresas a pagar por la recolección de sus desperdicios.

«Si tú tienes una cadena como Walmart, ¿por qué no pagan la basura? Tenemos que empezar por las grandes generadoras de basura», afirma.

Ebrard, deseoso de mostrar su perfil más verde, dio 150 dí­as a cada uno de los 16 distritos de la ciudad para que apliquen la nueva ley de separación de la basura.

Los ciudadanos que no separen su basura podrí­an ser castigados con una multa superior a 7 mil pesos (casi 500 dólares) y si los desechos se dejan en parques o áreas reservadas la suma podrí­a alcanzar el millón de pesos (70 mil dólares).

Pero el gran problema para los capitalinos, muchos de los cuales simplemente juntaban toda su basura y la daban a basureros informales, es la falta de medios.

No se advierten nuevos equipamientos en la ciudad para el reciclaje todaví­a: ni apenas vehí­culos para recogerlo ni lugares preparados para gestionarlo.

Jorge, de 38 años, lleva 18 años trabajando a bordo de un camión de la basura en el céntrico distrito de Cuauhtémoc y se muestra pesimista respecto a un cambio en la mentalidad de los capitalinos.

Hubo unas campañas en el pasado y «la respuesta de la ciudadaní­a no fue la que esperaba, no hay cultura para esto», dice mientras separa las pieles de naranjas de las cajas de cartón a bolsas de plástico.

Cuando se le mencionan los planes que anuncian el reemplazo de una gran parte de los más de 2 mil camiones de basura de la ciudad, a Jorge se le encienden los ojos.

«No creo que el gobierno tenga el dinero», responde.